Durante el tiempo de pandemia y este año 2023, previo a las elecciones 2024, se ha observado que tanto la Asamblea Nacional como el Órgano Ejecutivo promueven leyes con el objetivo de mejorar su ventaja con respecto a sus contrincantes políticos, acciones entre las que podemos mencionar la Ley 376, que modifica artículos de la Ley 37 de 2009 que descentraliza la administración pública donde se le permite a alcaldes o representantes escoger el mejor salario si al ser electos cuentan con otro cargo público. También podemos mencionar cómo diputados de la Asamblea Nacional por medio de la Autoridad Nacional de Administración de Tierras adquieren hectáreas por centavos y también cómo el Instituto para la Formación y Aprovechamiento de Recursos Humanos beneficia con ayuda económica a personas que evidentemente no requieren este tipo de ayudas. Los ejemplos pueden continuar a través del tiempo y especialmente en el año previo a las elecciones.
Una de las explicaciones del porqué se da este comportamiento la brindó el difunto economista Douglas North, premio Nobel de Economía en 1993 e impulsor de la nueva economía institucional. North define las instituciones como las reglas del juego en la sociedad o de manera más formal, son estructuras que restringen la interacción humana, en consecuencia, estructuran el intercambio humano ya sea a nivel político, social o económico. Dicho de otra manera, el entrelazado de las instituciones define las oportunidades que maximicen la supervivencia de las organizaciones. Si, por ejemplo, el mayor retorno en la economía viniera de la piratería o de ser corrupto, se puede esperar que las organizaciones invertirán recursos en desarrollar conocimiento en habilidades en este tipo de actividades, del mismo modo ocurriría si las actividades productivas son las que más retornos brindan en la economía.
Al analizar lo que propone North en su teoría con las acciones, leyes y decretos que aprueba, pareciera ser que la actividad que trae mayores retornos es ser corrupto o dicho de otra manera, un corsario con permiso para delinquir. Esta situación es preocupante porque las mismas instituciones te llevan a realizar estas acciones, vista como aquellas que generan las mayores ganancias para el individuo. De igual manera nos dice mucho de nosotros como sociedad, en donde escogemos por más de un periodo personas que se encuentran involucradas en escándalos de corrupción o se aprovechan de su posición en el Estado porque también “nos toca algo” cuando estas personas llegan al poder.
Para que los cambios institucionales se den en la dirección correcta, hacia las actividades productivas como la innovación, creación de empresas sin tanta burocracia ni barreras de entrada legales, inversión entre otras se tiene que dar un cambio institucional que se da de la interacción del poder de las instituciones políticas, de donde los dirigentes son escogidos por el pueblo panameño y el poder que proviene de la distribución de recursos de la cual no tenemos mucho control ya que se obtiene a través de la acumulación de capital.
Esto significa que en el próximo periodo de elecciones de cargos públicos es imperante seleccionar aquellos candidatos que busquen generar este cambio y hacia una mayor transparencia y no escoger los mismos dirigentes que han demostrado más de una vez que solo velan por sus propios intereses, de otro modo, cada periodo se seguirá dando cada vez más y más actos de corrupción y sin certeza de castigo alguno para estos hechos.
El autor es estudiante de la Maestría de Análisis Económico de la Quality Leadership University y amigo de la Fundación Libertad
