En la actualidad se realizan en Guatemala los Juegos Deportivos Centroamericanos, que constituyen el evento multideportivo más antiguo del mundo después de los Juegos Olímpicos, pues comenzaron en 1926.
En estas competencias participan los países centroamericanos y, en algunas ediciones, han participado países suramericanos invitados, lo cual no ocurre en esta oportunidad.
Estos juegos “se consideran una plataforma para que los atletas jóvenes o en desarrollo obtengan experiencia internacional, los nuevos talentos se proyecten en el ámbito internacional”, además de permitir que los atletas midan su nivel competitivo antes de eventos de mayor envergadura, como los Juegos Suramericanos, Centroamericanos y del Caribe, Panamericanos y Olímpicos, dentro del ciclo olímpico.
Cabe señalar que lo anterior no es la única herramienta con estos fines, pues cada disciplina deportiva tiene sus propios eventos o torneos: campeonatos centroamericanos, suramericanos, panamericanos y mundiales, además de los diferentes torneos internacionales que se realizan en niveles bajos, medios y superiores.
Los Juegos Centroamericanos también forman parte, en ocasiones, de los torneos clasificatorios para competencias mayores, reglamentados por las respectivas confederaciones deportivas bajo la tutela de las federaciones internacionales.
A pesar de tener un nivel técnico y competitivo bajo —basta comparar los tiempos de las disciplinas de marca con los de los Panamericanos para notar el abismo—, estos juegos son positivos para elevar el nivel competitivo de Centroamérica y promover la integración entre nuestros países a través del deporte.
En conclusión, desde la perspectiva del deporte, los Juegos Centroamericanos cumplen un papel importante en el desarrollo del talento deportivo, aunque no tienen el mismo nivel de exigencia ni visibilidad global que otras competiciones internacionales.
Estos juegos están bajo la orientación de la Organización Deportiva Centroamericana (Ordeca), presidida por Henry Núñez, quien fue un destacado judoca costarricense y presidente desde hace algunos años del Comité Olímpico de Costa Rica.
En el desarrollo de estos juegos se evidencia una clara superioridad de los atletas del Comité Olímpico de Guatemala. En todas las justas del ciclo olímpico, y de acuerdo con la Carta Olímpica —estatuto del COI—, los atletas no representan a sus países, sino a sus respectivos comités olímpicos, pues se trata de entidades privadas conformadas por personas naturales.
Lo contradictorio de esta situación es que las delegaciones no desfilan con los estandartes de sus comités olímpicos ni en la premiación se entonan sus himnos. Por el contrario, lo hacen con las banderas de sus países y en el podio se interpreta el himno nacional de cada nación.
Los guatemaltecos triplican en medallas a las delegaciones de Costa Rica, El Salvador y Panamá, lo que indica que su sistema deportivo funciona de manera integral y desde las bases, no desde la azotea, como solemos hacerlo en nuestro país. Tanto ayer como hoy, se legisla solo para el alto rendimiento y no para la masificación, y ello no lo comprenden algunos de nuestros diputados, no por mala intención, sino por desconocimiento de la gestión deportiva pública.
En este momento no se sabe cuál es el aporte del Gobierno panameño, a través de Pandeportes, para la delegación del Comité Olímpico de Panamá y su preparación. Este dato debería ser informado, al igual que el aporte de los gobiernos de Costa Rica, El Salvador, Honduras y Nicaragua, para poder realizar análisis objetivos.
Finalmente, también deberíamos conocer en qué pruebas compitieron los panameños y en cuáles no hubo participación, dentro de los programas de las distintas modalidades deportivas que se realizan en estos juegos.
En el deporte moderno, la evaluación de la participación es fundamental. En las sociedades modernas se realiza de forma transparente y pública (en el caso de Panamá, así está consagrado en el numeral 8 del artículo 1 de la Ley de Transparencia). Por ello, medir para mejorar no debe verse como una crítica destructiva al atleta, sino como lo que realmente es: un análisis objetivo y científico de su rendimiento, en relación con los objetivos programados por la autoridad estatal que otorga fondos pertenecientes a todos los panameños.
El autor es abogado, exatleta y dirigente deportivo.

