La reversión del Canal de Panamá a manos panameñas ocurrió el 31 de diciembre de 1999, cuando entraron en vigencia los Tratados Torrijos-Carter y Panamá asumió el control total de la vía interoceánica, completando así un proceso crucial de negociaciones que culminó con la firma de los tratados en 1977. Este hecho dista mucho de la pregonada e insistente falacia que constantemente publicita el presidente Donald Trump, en el sentido de que el Canal fue vendido o regalado por un dólar.
Es por ello que se hace doblemente necesario contar con una visión clara, no solo de este significativo acontecimiento histórico, sino también de aquello que resulta igual o mayormente importante: adquirir una sólida conciencia cultural sobre los orígenes de esta extraordinaria obra de la humanidad, a la cual estamos unidos de manera inexorable.
Una forma de lograr una aproximación fiel a este propósito es visitar la rotonda del edificio de la Administración del Canal de Panamá, en los altos de Balboa, la cual resguarda una impresionante obra que ilustra los esfuerzos realizados por miles de trabajadores durante la construcción de la vía interoceánica.

Se trata de los denominados Murales del Canal, con una extensión aproximada de 1,000 pies cuadrados, pintados por el reconocido artista impresionista norteamericano William B. Van Ingen. El artista realizó los dibujos al carbón sobre el terreno en 1914, para luego concluir los trabajos de instalación en enero de 1915, a un costo de $25.00 por pie cuadrado. Van Ingen fue contratado para esta titánica labor por George W. Goethals, ingeniero en jefe del Canal, quien tuvo la visión de plasmar en estos cuadros la monumental tarea que supuso su construcción.
La magnificencia del arduo y tenaz proceso constructivo quedó así registrada para la posteridad en esta rotonda, a través de estos espléndidos murales que recrean cinco escenas:
1. El Corte Culebra desde el Cerro de Oro, en el punto donde atraviesa la Cordillera Continental.
2. La construcción del vertedero de la Represa de Gatún, que represa el río Chagres y da origen al Lago Gatún.
3. La construcción de una compuerta de esclusas.
4. La construcción de las Esclusas de Miraflores, cerca de la entrada del Pacífico.
5. El friso, que representa una panorámica de la excavación del Corte Gaillard.
Estos lienzos, junto con los murales de Roberto Lewis en el Teatro Nacional, constituyen los ejemplos de arte pictórico de mayor formato con que cuenta la ciudad de Panamá. Ambos legados forman parte del patrimonio artístico panameño y se encuentran simbólicamente unidos por la historia del Canal. Los del Teatro Nacional surgieron como resultado de las primeras regalías recibidas por el Estado panameño al concluir la construcción del Canal; los murales de W. B. Van Ingen fueron realizados en la Zona del Canal durante la fase previa de construcción, en plena vigencia del Tratado de 1903.

Para su conservación, los murales han sido intervenidos en más de cuatro ocasiones. La última intervención correspondió al historiador y restaurador Anton Rajer, becario Fulbright, quien realizó trabajos de limpieza y conservación en 1993. Posteriormente, en 2005, el propio Rajer estuvo a cargo de la restauración y conservación del patrimonio pictórico del Teatro Nacional, incluida la intervención del plafón del teatro, tras desprenderse del cielo raso como consecuencia del deterioro del edificio.
En la actualidad, los murales conservan la frescura inicial que les confirió el artista. Ojalá los panameños sepamos preservar para la posteridad este importante legado artístico, a fin de que las futuras generaciones tengan a su disposición las vivencias de los verdaderos héroes de la construcción de esta maravillosa obra de ingeniería del siglo XX, donde se forjó el crisol de razas que hoy somos y que constituye, en esencia, nuestra nacionalidad.

El edificio de la Administración del Canal puede visitarse para apreciar los murales de manera gratuita, de lunes a viernes, de 8:00 a.m. a 4:00 p.m. Esta debería ser, por tanto, una visita obligada para todos los panameños, empezando por los guías turísticos y los promotores del Ministerio de Cultura, quienes harían bien en tenerlo en cuenta.
El autor es escritor y pintor.


