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Los que deslumbran

Los que deslumbran
Fachada de la sede del Idaan. Richard Bonilla

Vengo sosteniendo mi aliento y las ganas de escribir sobre esto desde hace más de un año, deslumbrada por quienes, en mi opinión, son los artistas más originales, creativos e impresionantes de finales del siglo XX y lo que va del XXI. Creo que son quienes dejarán para una lejana posteridad los mejores vestigios de que, aunque materialista y práctica, aunque obligada a resolver problemas sociales, latía en nuestra cultura —en el cerebro de los dotados— una enorme espiritualidad, un deseo de tocar el cielo con las manos, como cuando los antepasados erigieron la Torre de Babel buscando una conexión entre lo terrenal y lo divino: estos artistas son los arquitectos.

Soy adicta a los noticieros internacionales.

Confieso estar más al tanto del globo que cuando joven ejercía el periodismo. Por eso he podido ver brotar estas maravillas en sitios lejanos.

¿Han prestado atención a los nuevos edificios en lugares como Dubái, China, Inglaterra o Francia?

Quedo sin palabras ante las siluetas —esculturas— que plasman en el aire; algunas se retuercen, como el tornillo en Panamá; otras se desvían, se curvan, suben y bajan escalinatas, se dividen, abren espacios al aire en los ombligos del rascacielos, y uno que vi ayer agregó un gran aro de metal en el aire, más arriba de la cúspide de un edificio cuyo tope tiene forma de cacerola.

Y, a pesar de ser cada uno diferente, instilan en el ánimo belleza, ingeniosidad y sorpresa, enmarcadas en sólidos parámetros de funcionalidad y buen gusto. También me quito el sombrero viendo nuestros rascacielos. No solo por su originalidad y belleza, sino por la manera como, casi por abracadabra, logran insertarlos en un apretado conglomerado de edificios altos, sin perjudicar la belleza del conjunto. A los artistas panameños de la arquitectura, mi admiración irrestricta.

He conservado mi interés en la arquitectura desde que tuve la buena fortuna de contar con el genio de Calvin Stempel, pupilo del pilar de la modernidad, Frank Lloyd Wright, en el diseño de mi primer hogar, por allá de la década del sesenta. Stempel diseñó el actual edificio del IDAAN hace décadas, que sigue siendo hermoso y funcional. También aquellos curiosos hongos en la avenida Balboa, que luego tumbaron para construir un edificio, por suerte también de Stempel. Aprendí, por ejemplo, a reconocer sus diseños por las fascias decoradas, por las ventanas en voladizo y extensos techos sin sostén visible. Calvin Stempel llenó de felicidad los años que viví en su casa. De paso, aprendí sobre Frank Lloyd Wright y otros excelsos en esa profesión. Me duele que en Panamá no aprovechamos suficiente a ese joven y genial arquitecto.

En estas líneas hago visible, por fin, mi admiración por los mejores artistas de nuestra era.

La autora es escritora.


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