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Los valores

Los valores
El estudio científico fue realizado entre 99 estudiantes de Panamá, Panamá Oeste y Panamá. iStock

Reflexión sobre la educación y su responsabilidad colectiva

Hablar de educación es hablar del ser humano, de sus valores, de su capacidad de convivir, respetar y construir sociedad. Reducir la educación a infraestructura, programas o estadísticas es olvidar que su verdadero propósito es formar ciudadanos con conciencia cívica, sentido ético y responsabilidad moral. Cuando una sociedad descuida esta dimensión, los efectos no se manifiestan de inmediato, pero con el tiempo se hacen visibles en la fragmentación social, la intolerancia y la pérdida del respeto por lo común.

Durante años se ha repetido que en la casa se educa y en la escuela se forman profesionales. Esa línea, que antes parecía clara, hoy está profundamente fracturada. Muchos adultos que crecieron en hogares con principios y pasaron por escuelas formales muestran conductas alejadas del respeto, la responsabilidad y el compromiso con el bien común. Algo falló. La formación ética no puede recaer únicamente en la familia ni ser delegada por completo a la escuela. Es una tarea compartida entre el hogar, el sistema educativo y el Estado.

La pérdida de valores no ocurre de un día para otro. Es el resultado de omisiones prolongadas, de decisiones postergadas y de una peligrosa normalización del deterioro. Cuando la sociedad deja de corregir a tiempo, termina pagando un alto precio. Se tolera la falta de respeto, se justifica la indiferencia y se relativiza la ética hasta convertirla en un concepto flexible y conveniente.

Los valores cívicos, como el respeto a la ley, a las instituciones y a los símbolos nacionales, se han debilitado visiblemente. La intolerancia, la falta de diálogo y la confusión entre derechos y libertades se manifiestan con creciente frecuencia. Defender un derecho no puede implicar vulnerar el de los demás. Una sociedad que no tiene claro su rumbo corre el riesgo de quedar atrapada en el desorden, la improvisación y el conflicto permanente.

En el plano ético y moral, la situación no es menos preocupante. La corrupción, la indiferencia y la pérdida del sentido de responsabilidad individual atraviesan distintos niveles de la vida pública y privada. No se trata únicamente de los jóvenes; los adultos también hemos fallado en ser ejemplo. Una sociedad que justifica la falta de ética termina legitimando prácticas que la debilitan desde dentro.

Hablar de educación, entonces, no es solo hablar de aulas, docentes o planes de estudio. Es hablar de coherencia, de ejemplo y de rumbo. Es preguntarnos qué tipo de ciudadanos estamos formando y qué país queremos construir. Sin esa reflexión profunda, cualquier reforma queda incompleta.

Educación técnica, gestión de recursos y educación informal

Escuelas técnicas agropecuarias: teoría y práctica

Las escuelas técnicas agropecuarias integran teoría y práctica en su currículo, fomentando la siembra, la producción y la comercialización como parte del aprendizaje. Este modelo fortalece competencias técnicas, disciplina, planificación y valores fundamentales.

Cuando los fondos agropecuarios o los ingresos de la producción educativa se destinan a cubrir carencias estructurales que debería atender el Estado see desvirtúa el programa: la escuela deja de formar y comienza a subsistir.

Riesgos de estudiantes y docentes: la educación no puede exponer vidas

Cada niño o niña que pierde la vida al cruzar ríos durante la temporada de lluvias representa una pérdida irreparable, una esperanza truncada y un futuro negado. Ninguna reforma inconclusa, trámite pendiente ni presupuesto mal ejecutado puede justificar estas tragedias. Las familias confían en la educación como camino hacia un futuro digno y justo para sus hijos, y merecen que esa confianza no sea defraudada ni puesta en riesgo.

¿Sería posible ajustar el calendario escolar aprovechando mayormente la estación seca para proteger la vida y la seguridad de estudiantes y docentes, mejorar la asistencia y garantizar el derecho a la educación sin exponerlos a riesgos innecesarios? Esto no implica improvisar ni retroceder, sino actuar con sentido común, planificación y voluntad, colocando la vida humana por encima de la rigidez administrativa.

Gestión de recursos y el Fondo de Equidad y Calidad de la Educación (FECE)

Los recursos públicos, como el FECE, asignan B/. 60.00 por estudiante matriculado en los planteles educativos oficiales para infraestructura, mantenimiento y materiales. Aunque esta asignación busca brindar un apoyo mínimo, la distribución sigue siendo desigual y limitada por la falta de control efectivo y de voluntad institucional. A lo largo del tiempo se han implementado cambios en los métodos de asignación, pero estos han fracasado en garantizar una distribución eficiente y equitativa, dejando a muchas escuelas con recursos precarios.

Persisten fondos acumulados sin ejecutar, mientras se destinan a arreglos innecesarios de oficinas, postergando necesidades urgentes. Hay recursos disponibles; lo que falta es ejecución, seguimiento y priorización adecuada.

El Ministerio de Educación también administra convenios de cooperación, asistencia técnica, financiamiento y capacitación docente a nivel nacional e internacional. Sin embargo, muchas oportunidades se desaprovechan por falta de seguimiento y coordinación, incluyendo becas internacionales que se pierden por trámites incompletos o tardíos.

Desde una mirada responsable y serena, es necesario reconocer que las administraciones cuentan con información suficiente sobre lo que ocurre dentro del sistema. Existen reglas, procesos, informes y mecanismos de control efectivo que permiten identificar qué funciona y qué no se está haciendo correctamente. Sin embargo, persisten dinámicas administrativas que se han arrastrado en el tiempo, trasladándose de una gestión a otra sin ser corregidas de manera estructural. No se trata de hechos aislados ni exclusivos de una administración en particular, sino de prácticas ineficientes conocidas que, al repetirse, tienden a normalizarse como parte del quehacer cotidiano. Cuando estas situaciones no se abordan con oportunidad y profundidad, terminan debilitando la institucionalidad y afectando la coherencia del sistema educativo. Este planteamiento no busca señalar culpables individuales, sino abrir una reflexión honesta sobre la distancia entre el diagnóstico, la decisión y la ejecución.

Nombramientos en el sistema educativo: un cambio urgente

La escuela no puede limitarse a transmitir contenidos técnicos. Formar profesionales sin principios es formar ciudadanos incompletos. El docente cumple un papel fundamental como referente, pero no se le pueden exigir resultados sin políticas coherentes, programas sostenidos y un respaldo real del Estado que valore la formación integral por encima de intereses coyunturales.

Actualmente, los nombramientos en el sistema educativo se realizan casi exclusivamente a partir de puntajes y acumulación de diplomas, sin evaluar de manera suficiente la experiencia real, la vocación, la ética ni la capacidad comprobada para formar personas. En muchos casos, el mérito se ha reducido a la obtención de puntos, no al saber profundo ni a la calidad del proceso formativo. Panamá no puede seguir acumulando títulos como sinónimo de excelencia cuando lo que se requiere son profesionales con pensamiento crítico, compromiso ético y capacidad real para educar y transformar. Priorizar la idoneidad, la preparación auténtica y el compromiso educativo es indispensable para garantizar una transformación efectiva del sistema.

Políticas de Estado y la urgencia del cambio

La educación no puede sostenerse con cambios cada cinco años ni con programas improvisados según la coyuntura política. Panamá necesita políticas de Estado claras, con un rumbo educativo seguro, estable y de largo plazo. La formación de ciudadanos honorables exige consistencia, planificación y ejecución responsable.

Educación informal: otra forma de educar

La educación informal es una modalidad orientada a la vida y al trabajo. Se basa en la práctica y los oficios: se aprende haciendo, adquiriendo experiencia directa y desarrollando competencias útiles fuera de las aulas tradicionales. Este enfoque permite adquirir habilidades técnicas y blandas, como comunicación, trabajo en equipo, liderazgo, resolución de problemas y ética profesional, fortaleciendo la inserción laboral y comunitaria.

Los programas pueden certificar los conocimientos y competencias adquiridos, otorgando reconocimiento formal a los aprendizajes prácticos y facilitando la integración al mercado laboral.

Sin embargo, su eficacia se ve limitada por la falta de gestión adecuada, insumos y planificación, lo que conduce a la improvisación de métodos y contenidos y reduce las oportunidades de los participantes.

Por ello, la educación informal debe reconocerse como una modalidad legítima y complementaria, que requiere recursos suficientes y planificación estructurada. No puede improvisarse ni depender de cada cambio administrativo.

Cierre final

La educación en valores y conocimientos sigue siendo una deuda histórica. Ignorarla es hipotecar el futuro de nuestra sociedad. Saldarla no es opcional: es una obligación moral de todos los actores, presentes y pasados, con las generaciones actuales y futuras. Cada niño, cada joven y cada participante merece una educación que transforme su vida y contribuya al desarrollo del país.

La autora es educadora.


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