El 26 de marzo, tras 82 días de cárcel, Nicolás Maduro Moros y su esposa, Cilia Flores, volvieron a presentarse ante el Tribunal de Nueva York. Sus abogados solicitaron al juez que desestimara el caso de narcoterrorismo contra la pareja, argumentando que Estados Unidos les ha denegado el uso de fondos debido a las sanciones impuestas al país.
Frente a esta solicitud, según medios internacionales como la BBC News, los fiscales argumentaron que Maduro “saqueó” la riqueza de Venezuela y que no se debería usar dinero del erario público para pagar su defensa.
El juez Hellerstein indicó que emitirá un fallo más adelante sobre la solicitud de financiamiento, pero adelantó que no desestimará el caso. También señaló que anunciará próximamente la fecha de la siguiente audiencia.
El colmo de la ironía es que Maduro y su esposa soliciten que los venezolanos paguen su defensa. Él, señalado como usurpador del poder; él, autoritario; él, acusado de violaciones a derechos humanos y de utilizar el aparato judicial para perseguir adversarios. Ahora, pretende que el Estado financie su defensa, al rechazar un defensor de oficio.
Ya reducido por la privación de libertad, Maduro muestra signos de desgaste. El aislamiento parece haberle restado la imagen desafiante que proyectaba en el poder.
El juicio no es solo contra Maduro, sino contra una forma de gobierno que representa un modelo de opresión en América Latina.
El pragmatismo de la administración Trump otorgó reconocimiento al aparato madurista, pero figuras como Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López enfrentan ahora un escenario de reconfiguración del poder.
La traición es inherente al autoritarismo. En estos sistemas, no es una excepción, sino parte de su dinámica interna.
El régimen que Maduro dejó parece sostenerse en un discurso nacionalista, pero en realidad permanece unido por el miedo, un elemento que, combinado con el poder, suele anticipar crisis.
El futuro de Venezuela parece seguir una ruta de estabilización, recuperación y transición, como ha señalado el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio. A casi tres meses de la captura de Maduro, la estabilización parece ser la etapa dominante.
Venezuela se convierte así en una lección contemporánea sobre el ejercicio y las consecuencias del poder político.
El autor es sociólogo.


