Estamos acostumbrados a vivir en mi querida Panamá, donde un escándalo tapa otro escándalo gubernamental, un modelo viejo y recomendado por grandes estrategas políticos como Aleksander Dugin y empleado por Norberto Ceresole en la Revolución Bolivariana de Chávez. En marzo de 2023, el escándalo en cartelera: 20,000 ampollas de fentanilo sustraídos por un residente de anestesiología.
Las balaceras con armas de grueso calibre en la Joya y la Mega Joya, que han causado tanto dolor en nuestro país y que brindan percepción de inseguridad, no son ingresadas por los familiares de los reclusos; son ingresadas por la narcomafía/narcopolítica y de ahí nace una gran frase sabia panameña –una metra no cabe en un tontón–. La historia que nos quieren vender de un residente y 12 ampollas de fentanilo en un maletín (que no es el del Gato Cósmico), que no salieron del hospital, le falta –tiempo y lugar– para que el pueblo pueda masticar y digerir que el residente sacó 20,000 ampollas de medicamentos del hospital.
En un país donde aún se sigue pagando el endeudamiento estratosférico de la corrupción de Odebretch y en el que a la fecha no hay ningún culpable, debemos preguntarnos qué temas son los que están ocultando los asesores políticos tras la magnificación del tumbe de fentanilo: ¿es el comportamiento económico en el que vamos encaminados, un déjà vu del origen de la crisis griega 2009 ?
Cabe señalar que si queremos mejorar el grado de inversión en Panamá, debemos rescatar el programa de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM) para poder elevar nuestras evaluaciones en Standard & Poor, Moody y Fitch Rating. El inconveniente es que para salvar dicho programa, violentamos nuestra Constitución firmando un contrato minero con una empresa estatal minera de Asia. Dimos la soberanía de nuestro cobre, oro y tierras raras a otra nación.
El “fentanilicidio” pone en un segundo plano a que pedimos $1,800 millones en forma de bonos para la liquidez del gobierno cuando apenas llevamos tres meses del año; distrae a que el corredor de playas, donde cada kilómetro de carretera pasó a costar $47 millones de dólares, cuando antes era de 18.4 millones, hora tiene una extensión menor a seis kilómetros.
El “fentanilicidio” nos aleja de cuestionar las constantes visitas de los senadores norteamericanos encargados de la comisión de seguridad por temas geopolíticos, como: creación de un túnel debajo del Canal de Panamá, los puertos de capital asiático en la entrada del Canal y la interconexión eléctrica de capital asiático-sudamericano con Centroamérica. ¿Lista Clinton en camino al supermercado más grande del país?
El “fentanilicidio” distrae a que el pueblo reflexione, por qué se están licitando e iniciando construcciones de estructuras hospitalarias y no se han podido terminar las policlínicas de Aguadulce y de Boquete. ¿Por qué se licitan e inician construcciones de nuevas estructuras hospitalarias, pero no se sabe nada del Nuevo Oncológico ? ¿Estamos actualmente abastecidos de medicamentos e insumos médico quirúrgicos en nuestros hospitales? Los insumos que tenemos, ¿sirven para lo que se compran o se compran en sobrecostos y chivia’os ?
El “fentanilicidio” ocurre casualmente con un equipo que está agotado por las mesas de diálogos para rescatar la seguridad social, agotado de Pacto Bicentenario y agotado por la pandemia de la covid-19. ¿ Está este equipo mental y físicamente fresco y lleno de energía para abordar el rescate del programa IVM ? Los Plejánov en el Canal, ¿podrán eliminar el dogma de que nadie en crisis se reelige políticamente ?
Lo triste de la actual cortina de humo del tema del fentanilo es que si no es investigado por personal idóneo y serio, comprometido con la nación panameña, puede hacer que la sociedad civil pierda la credibilidad de nuestras instituciones de salud, debilitando más su imagen y quedando a merced de revoluciones populistas que dañan nuestra democracias liberales.
El autor es cirujano especialista
