El físico y astrónomo George Gamov, a mediados del pasado siglo XX descubrió lo siguiente. Que cuando había crecimientos de manchas solares bajaba el precio del trigo. Este hallazgo de Gamov nos indica que cuando hay crecimientos de manchas solares, aumenta, por hectárea, la productividad agrícola.
Por otro lado, los científicos de la Universidad de Oxford, de Londres, Inglaterra, la segunda mejor universidad del mundo, después de la Universidad de Cambrigde, también de Inglaterra, nos ilustran en lo siguiente: “Que la absorción de los nutrientes por las plantas es un complejo proceso biológico-electro-magnético y no un simple mecanismo de ósmosis”.
Cuando hay crecimientos de manchas solares, el sistema solar se inunda de magnetismo, que en el planeta Tierra se denomina geomagnetismo.
Los científicos modernos solo atinan a decir que cuando hay crecimientos de manchas solares, y el aumento del magnetismo, se presentan alteraciones en las comunicaciones.
A pesar de los descubrimientos de Gamov y de las ilustraciones de los científicos de la Universidad de Oxford, ningún profesional de la agronomía se ha percatado de que existe una estrecha relación entre el aumento de la productividad agrícola y el crecimiento de las manchas solares y su consiguiente alza en el geomagnetismo.
Estamos a la mitad de los crecimientos de las manchas solares, que tienen una duración de 4.5 años. Dentro de 5 años, cuando estemos en decrecimientos de manchas y en baja del geomagnetismo, no se obtendrán los halagadores rendimientos obtenidos en el año 2017.
Aunque apliquen las mejores prácticas agronómicas y desarrollen a plenitud la agricultura moderna de avanzada y las tecnologías de punta. Dentro de siete años, cuando los decrecimientos de las manchas solares y el geomagnetismo se encuentren en su mínimo, se acordarán de lo que escribo hoy.
Los crecimientos de las manchas solares duran 4.5 años; en promedio mil 600 días. Los decrecimientos de las manchas solares duran 6.5 años; en promedio 2 mil 300 días. Curiosamente, en el mal llamado “sarcófago” de la pirámide de Diodefre, encontramos estas medidas: mil 600 y 2 mil 300, en milímetros absolutos.
También, curiosamente, el bíblico libro del Apocalipsis, capítulo 14, versículo 20, nos habla de una buena cosecha de uvas y mencionan el número mil 600. Y el libro de Daniel, capítulo 8, versículos 13 y 14 nos hablan del sacrificio perpetuo mencionando el número 2 mil 300.
Aclaro. En la Biblia católica dice mil 300. En la Biblia evangélica dice: 2 mil 300.
Recordemos que 2 mil 300 días corresponden a 6.5 años, los ciclos durante los cuales nos encontramos con sensibles bajas en los decrecimientos de las manchas solares y el geomagnetismo; que se reflejan en muy bajas productividades agrícolas.
Muchos sonreirán y expresarán lo siguiente: a Hooper le están haciendo efecto los años y se ha metido a predicador religioso, buscando así, que se le perdonen sus pecados.
¡Ese no es el caso! Estoy plenamente convencido de que los bíblicos libros de Daniel y Apocalipsis no son libros religiosos. Por el contrario, son libros que contienen amplios y profundos conocimientos de la naturaleza; escritos por los grandes sabios de la antigüedad, los dioses de los sumerios.
El autor es ingeniero agrónomo