PSICOLOGíA

El manejo de conductas antisociales

El manejo de conductas antisociales
El manejo de conductas antisociales

Un niño agredido y maltratado, con episodios de violencia familiar, observador aterrado de situaciones de malos tratos del padre hacia la madre o entre ambos, abandono de los padres, falta de castigos ejemplares, ausencia de recompensas por el buen comportamiento, consumo de drogas ilícitas y alcohol, aprenderá que la violencia es una conducta aceptable, que forma parte de la intimidad familiar, del diario vivir, y que esa violencia y miedo se transforma en hostilidad y resentimientos y se puede usar para extender el control sobre el resto de la familia y que luego recae en la sociedad convirtiéndola en presa fácil de la delincuencia. La repercusión igualmente se extiende a nivel escolar, donde suelen ser más disruptivos y agresivos.

En la escuela, la conducta agresiva parece estar relacionada con las variables afectivas y de relación familiar, del rechazo de los padres, del castigo agresivo y de la carencia de identificación con los padres, sobre todo cuando estos están ausentes y crecen en la convicción de que el empleo de la agresividad es el mejor camino para conseguir lo que quieren. El haber sido víctima en la infancia propicia que de adulto se victimice a otros. La televisión igualmente fomenta este tipo de conducta porque hasta en ciertos dibujos animados se observan tipos de salvajismo.

Cuando un individuo se incorpora a un grupo social se dan dos tendencias: el deseo de dominio y el de afiliación. El fenómeno de agresión entre iguales podría deberse a la separación que sufre el niño cuando ingresa por primera vez en el medio escolar. Su deseo y actividad se encuentran con los de otros y provocan un conflicto que se resolverá en función de su temperamento e historia personal. Así, optará por esforzarse en prevalecer sobre el otro, se someterá a él, o bien se aislará. De cualquier manera, le permitirá encontrar a los que lo acepten y descubrirá el placer de pertenencia.

En las relaciones entre iguales en el aula, el comportamiento del grupo estará determinado en gran medida por la estructura que se forma como resultado de la interacción y por sus normas de comunicación. El estudio de la dinámica del aula pone de manifiesto que el propio grupo de alumnos genera y mantiene unas relaciones que no están bajo el control del profesor y confieren una especial estructura al grupo. Para prevenir, solucionar y cambiar los problemas de conducta del grupo, las líneas de comunicación de la clase deberán estar abiertas. Si no hay comunicación no se favorece la enseñanza y aparecen sentimientos de hostilidad y resentimiento a nivel individual y grupal.

El camino que suele seguir un niño violento en la escuela consta de tres fases: a) el niño muestra conductas claramente antisociales; b) se siente excluido, y c) acaba fracasando en la escuela.

Cuando se estudia la vida emotiva en las aulas, se observan tres tipos sociométricos diferentes: a) el alumno popular, el líder indiscutible; b) el aislado, el que nadie elige, y c) el rechazado (presenta frecuentes manifestaciones agresivas y de desacuerdo, demandas de atención sobre sí mismo y ausencia de refuerzos hacia los demás).

Algunos tratan de reforzar su autoestima tratando de adquirir prestigio a través de actividades compensatorias. Otros acrecientan su agresividad, fanfarronean, mienten, buscan una notoriedad para compensar su frustración. Otros, simplemente se aíslan y así se acrecienta su sentimiento de inferioridad.

En la interacción dinámica entre escolares hay tres grupos bien diferenciados: el grupo de los adaptados y dos grupos menores, uno de agresores y otro de víctimas. El grupo refuerza las conductas agresivas, ya que se valora positivamente a los agresores que a las víctimas, lo cual se traduce por un lado en un mayor sentimiento de afiliación en los agresores y por otro en que las víctimas se sientan apartadas y solitarias.

Para que se desarrolle un buen clima de grupo y evitar de algún modo la agresividad, sería de gran ayuda que las escuelas se basaran y fomentaran la cooperación en lugar de la competitividad. Que la relación padre, madre y maestro estuviera encaminada a ayudar al niño de forma integral. Sin embargo, el comportamiento del padre y la madre del niño agresivo es permisivo y sobreprotector y de rechazo de parte del maestro. A las finales, el niño crece siendo el malo del grupo, el repudiado, el fracasado. Un excelente candidato para la deserción escolar y uno más que con un arma en mano, no vacilará en matar. O, por donde se active, cause daño.

La autora es psicóloga clínica 

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