Qué difícil se nos hace unificar criterios por el bien de todos. Se hace más difícil si de por medio está la corrupción y la impunidad. Muchos hablan del sistema que nos asfixia: un sistema de justicia que se ajusta a las necesidades del corrupto. Pareciera que no hay nadie que nos unifique. Cada quién jala para lo suyo por sus intereses personales o por la élite del partido al que pertenece. Cuando un país presenta una gran falta de credibilidad en sus gobernantes la situación está mal. Hay una sensación de decepción por la manera en que se han estado comportando algunos actores políticos de primera línea. Los liderazgos se han desvanecido, la honradez convertida en un valor ausente impide la comunicación, los diálogos no se dan, no hay voluntad política y el Estado de derecho es solo para algunos cuantos. Hay quienes deberían dar el ejemplo y esos son los principales violadores de las leyes. El egoísmo antecede al bien común. No veo a un líder que se atreva a enrumbar al país por el lado bueno. Habrá que crearlo y formarlo. Para ello tendremos que enterrar todo tipo de antivalor y uno de ellos es el ego desmedido, sagaz y hambriento por figurar y creerse el dueño de la hacienda.
Vale la pena reflexionar con honestidad, lealtad y transparencia sobre las diferencias que nos separan ante un campo común de acción y de pensamiento. Eso sí se puede conseguir. Yo creo en la integridad y en la unidad. No me refiero solamente a un grupo de personas, sean estas activistas o no. Me refiero a que todos podemos estrecharnos la mano en favor de todos. Se puede lograr. Hay que dejar atrás las ideologías que nos dividen, el creerse más que los demás. Si no hay unión iremos hacia la derrota, hacia el fracaso. Edifiquemos valores. Hay que dejar de ver a la República como un botín de una gran fortuna donde el saqueador y sus compinches se creen dueños del paraíso. Yo no quiero verme como Honduras, como una Venezuela más. No más ladrones de las esperanzas de un pueblo. Conozco gente bien intencionada y es esa la gente que debe incursionar en la política. No dejarle el campo abierto a los mismos de siempre, ampliamente conocidos por su mala práctica como políticos en puestos de elección popular. Hay falta de participación de la gente buena y los malos lo saben y por ello el abuso cruel en la administración de justicia, en la administración pública, en la educación, vivienda, en la falta de seguridad. Debemos luchar por crear un sistema político participativo y legítimo, con gente idónea, profesional, bien preparada académicamente y con lo principal: con valores intrínsecos y humanos.
Urge humanizar y transformar la política, y esto solo se logra cuando el pueblo elige a conciencia las figuras representativas del gobierno y le exige poner al hombre como principio, centro y fin de su razón de ser, un gobierno para la vida digna del ciudadano, un gobierno que sepa mejorar la calidad de vida de la población. En ese aspecto, como ciudadanos hemos fallado. Lo que tenemos son discursos de engaño, antítesis de la realidad de rostros humanos que reflejan el dolor de la indiferencia y la pasividad de una sociedad incapaz de exigir a los gobiernos que cumplan la voluntad ciudadana.
La sociedad debe exigir a los del poder judicial, administración pública y educación, que deben estar al servicio del hombre y de la mujer para que logren su pleno desarrollo y realización. Una comunidad es humana cuando promueve y sabe forjar valores humanos: la honradez, la laboriosidad, la atención a los más necesitados, el respeto, la dignidad, la responsabilidad, la lealtad, la educación y la cultura. Defendamos a la familia de la inmoralidad, de la violencia y de la inseguridad pública.
Si bien la sociedad es heterogénea debemos ser capaces de encontrar ese campo de acción y de pensamiento que nos unifique. Pero lo que vemos es las divisiones hasta en los partidos políticos, donde se hace a un lado la ética y los pervertidos buscan a quién y a quiénes pervertir deshumanizando la política y así manchan la buena imagen de elementos buenos que aun subsisten en los partidos políticos.
Somos los hombres y mujeres quienes fallamos con acciones propias de seres irracionales e indiferentes. Como panameños ciudadanos de este país debemos ser responsables y exigentes de nuestros derechos y pedir cuentas de las acciones a los que nos representan como gobernantes.
La autora es psicóloga clínica
