Los manglares representan solo el 1% de los bosques tropicales, con una superficie aproximada de 15 millones 430 mil hectáreas en todo el planeta, de las cuales, 6 millones 248 mil hectáreas se encuentran en Asia tropical, 5 millones 780 mil en América tropical, y 3 millones 400 mil en África tropical. En América, el 70% del área total de los manglares está ubicado en la costa atlántica y el Caribe. En la costa del Pacífico, los manglares se extienden desde el estado de Baja California hasta el Perú, mientras que en el Caribe se extienden desde la península de Florida y el golfo de México hasta Brasil. ¿De dónde provienen estos manglares?
De acuerdo con diversos autores, el origen de los manglares se orienta a la región indo-malasia, al final del Cretácico Superior, está relacionado a la existencia de la mayor diversidad de especies de mangles en esta región. Gracias a la presencia de propágulos y semillas flotantes, los manglares pudieron dispersarse por medio de las corrientes marinas, desde la India hasta las costas de Oceanía, África oriental y América, arribando a Centro y Sudamérica durante el Cretácico Superior y el Mioceno Inferior, aproximadamente entre 66 millones y 23 millones de años. En América los manglares actuales se establecieron tal como se conocen hace 3 mil años aproximadamente, cuando ocurrió una estabilización en el ascenso del nivel del mar después del Óptimo Holocénico, aumentando las temperaturas y las precipitaciones. Sin embargo, pequeños cambios climáticos posteriores, especialmente durante el último milenio, generaron cambios importantes en su distribución. ¿De qué factores dependen los manglares para su existencia? La existencia de los manglares depende de diversos factores, como son la temperatura del aire, las corrientes oceánicas, el tipo de costa, las mareas, así como del sustrato lodoso.
Los manglares de América Central representan el 8% de estos ecosistemas en el mundo, y cubren una superficie de 567 mil hectáreas, que se distribuyen en el Pacífico en una superficie de 320 mil hectáreas, ubicándose la mayor parte en Panamá. La República de Panamá, por estar localizada en el trópico, abarca aproximadamente 170 mil hectáreas de manglares, la mayor parte en el Pacífico (97%) y solo 3% en el Caribe. Además, el país cuenta con 39 humedales, incluyendo 5 de categoría Ramsar (de importancia internacional). En la costa del Pacífico se ubican grandes extensiones de manglares: golfo de San Miguel en Darién, bahía de Panamá desde Juan Díaz hasta Chimán, en la bahía de Parita entre Herrera y Coclé, al sur de la provincia de Los Santos, en el golfo de Montijo en la provincia de Veraguas, a lo largo de la costa de la provincia de Chiriquí. En la costa atlántica se ubican extensiones de manglares en Bocas del Toro, Colón y San Blas.
Este ecosistema enfrenta fuertes amenazas al estar ubicado en zonas costeras, que son el punto de interés para inversiones inmobiliarias y turísticas, además de las presiones por migración, lo que incluye deforestación y quemas , sin dejar de mencionar el impacto del cambio climático. No obstante, los manglares, los únicos halófitos que viven en la confluencia del mar terrestre, ofrecen una gran cantidad de servicios y beneficios, entre los que destacan: guardería de diversas especies de peces, crustáceos y otras especies de mar; son el sitio de anidación de aves; evitan que el lodo y la contaminación proveniente de las aguas continentales llegue al mar; los manglares son sumideros de metales pesados; el manglar es protección contra fuertes vientos y mareas. El manglar ofrece remedios naturales, absorbe fuertes ruidos, como el caso del aeropuerto de Tocumen en relación con las comunidades vecinas; ofrece beneficios ante el cambio climático como sumidero de dióxido de carbono (Co2) y condicionador de la temperatura; repone las aguas subterráneas, así como ofrece oportunidades de ecoturismo para un uso ecológico.
Panamá cuenta con diversos programas de protección y buen manejo de los manglares en todo su territorio. Además de las organizaciones no gubernamentales y las comunitarias que trabajan arduamente, el Estado junto con sus diferentes entidades, como MiAmbiente, MICI, ARAP, MOP, Miviot, Anati, Minsa, Idaan, ATP y universidades, pueden contribuir desde sus escenarios de ejecución en la conservación de este ecosistema milenario, que por siglos le ha brindado innumerables servicios a la sociedad panameña.
El autor es doctorado en cambio climático
