Manglares, cambio climático y carbono azul

Panamá tiene alrededor de 177 mil hectáreas de manglares distribuidos en ambas costas, de los cuales el 15% se ubican en las costas del Caribe y un 85% en las costas del Pacífico, localizándose las 3 mayores extensiones de manglares sobre las costas de este último: bahía de Panamá, el golfo de San Miguel y el golfo de Chiriquí. De este gran total, 62 mil hectáreas se encuentran bajo el sistema de Áreas Protegidas (Sinap) del Ministerio de Ambiente, dejando un total de 115 mil hectáreas expuestas a las presiones demográficas, presiones que ponen los manglares en una delgada línea de sobrevivencia. Sobrevivencia que se enfrenta a la contaminación por aguas servidas urbanas, agroquímicos y desechos sólidos, como se tiene documentado en los manglares de Juan Díaz. Desarrollo de infraestructura, incluyendo hoteles, carreteras, urbanizaciones, como ha estado ocurriendo en las últimas décadas en el área metropolitana; extracción ilegal de leña y maderas para la comercialización y producción de carbono, expansión de la frontera agrícola y ganadera, como se observa en zonas de provincias centrales, occidente y Panamá Este; residuos de la minería metálica a cielo abierto; el turismo descontrolado y los desechos de esta actividad. Y como si no tuviesen suficiente presión, los efectos del cambio climático.

El cambio climático representa una preocupante amenaza para este tipo de ecosistemas. Específicamente los cambios en la temperatura, en el patrón de las precipitaciones, intensidad de las tormentas, aumento en el nivel del mar, impacto del fenómeno del Niño y/o de la Niña agravados por el calentamiento global, como se observó en 2015, donde hectáreas de manglares al este de la Bahía de Panamá mostraron los efectos del déficit hídrico y las altas temperaturas por el fenómeno del Niño. Además del negativo impacto que tiene el cambio climático sobre este ecosistema, es imperante mencionar que los manglares son una barrera de mitigación ante este fenómeno.

Los manglares absorben enormes cantidades de dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera, almacenándolos en sus hojas, troncos, raíces y principalmente en el suelo. Toda la absorción o secuestro contribuye a reducir los gases de efecto invernadero (GEI), principal motor del calentamiento global. En este lineamiento, el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) señala que el secuestro de carbono por manglares es una alternativa de bajo costo para reducir el contenido de CO2 atmosférico. La posibilidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a través de los bosques de manglares aumenta el valor agregado y la importancia en sí de este sector.

Al aumentar el valor de este sector se abren oportunidades para los residentes que se localizan cerca o dentro de zonas de manglares. En este lineamiento, científicos panameños han realizado estudios de la productividad económica de los manglares por hectáreas, revelando que estos aportan 11,300 dólares por hectárea por año, donde no solo se incluye la captura de carbono, sino también su valor por el servicio que ofrece como escenario ecosistémico de habita para las crías de peces y su valiosa protección costera. Proyecciones realizadas según su aporte a la reducción de los costos sociales del carbono prevén que, en transcurso de este siglo, 20.1 toneladas de dióxido de carbono equivalente serán secuestradas por los manglares de bahía de Panamá, lo que representa 116 millones de dólares estadounidenses por año. Para las 177 mil hectáreas contabilizadas en territorio nacional, se estima que sus servicios rondan los 2,000 millones de dólares estadounidenses; lo que equivale aproximadamente a lo que se genera en Canal de Panamá. Pero si su superficie disminuye, igual lo hacen sus beneficios.

Los mercados de carbono, globalmente conocidos como REDD o REDD+, cuya finalidad es generar incentivos económicos para reducir las emisiones de GEI a través de la generación de energías limpias y de evitar la transformación de los ecosistemas forestales, son un medio óptimo para generar beneficios ambientales con los manglares de igual manera, en una vía de transición verde para Panamá. Los manglares, como barrera natural brindan una larga lista de beneficios. Por lo cual, extender su protección en todas las costas panameñas es necesario para evitar y/o controlar su deforestación, los cambios de uso de la tierra que los afectan directamente, las sequías, la desertificación, la alteración de los caudales hidrológicos y erosión de las cuencas hidrológicas, cuya sedimentación se deposita en las cuencas bajas, exactamente dónde están los manglares. Si los manglares pierden, igual perdemos los panameños.

El autor es geógrafo, hidrólogo, hidrogeólogo, doctorando en Cambio Climático


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