Regístrate para recibir los titulares de La Prensa en tu correo

Exclusivo Suscriptores

¡Maquiavelo ha muerto, viva Maquiavelo!

Recientemente, en el Foro Económico Mundial en Davos, el presidente Javier Milei afirmó “categóricamente: Maquiavelo ha muerto”. Este planteamiento resulta interesante por lo que supone. Por un lado, no está desvinculado de la actitud antiacadémica y negacionista de la extrema derecha; pero, por otro, el interés directo del presidente Milei parece ser neutralizar el análisis que hace Maquiavelo sobre la inconmensurabilidad entre la eficiencia política y ciertos estándares morales. Lo que dice Maquiavelo es que, para mantenerse en el poder, no hay que ser bueno. El presidente Milei invierte el argumento, al plantear que su forma de mantenerse en el poder es buena y que, por ello, hay que “matar” a Maquiavelo.

Ahora bien, cuando decimos viva Maquiavelo, ¿qué estamos queriendo decir? El Maquiavelo más conocido y popular es el de El príncipe. En cualquier curso general de politología, y para cualquier persona relativamente culta, este libro emblemático, escrito a inicios del siglo XVI, resulta familiar. Sin embargo, hay otro texto menos conocido, pero a nuestro juicio más interesante, tanto por su extensión como por su contenido. Para mi asombro, se trata de un libro del cual nunca había escuchado hablar: me refiero a Discursos sobre la primera década de Tito Livio. Allí encontré una obra monumental cuyas lecciones siguen interpelándonos. El pasado nos habla para entender el presente.

Si bien El príncipe puede leerse como un elogio al poder y una reflexión sobre cómo conservarlo, en los Discursos se revela una veta republicana de enorme relevancia para estos tiempos de auge del autoritarismo. Un autoritarismo que nunca se fue del todo, que estuvo allí dormitando, mientras asumíamos pasivamente que todo mejoraría de manera inexorable y que las experiencias autoritarias del siglo XX no regresarían. Nos equivocamos. Es necesario seguir trabajando en los ideales de un republicanismo para nuestro tiempo. La historia puede ayudarnos enormemente, como maestra de la vida, a orientarnos en estos territorios en disputa.

En un libro reciente, La república por venir. De la melancolía política a la radicalización cosmopolita de la democracia, José Antonio Pérez Tapias hace un llamado a revitalizar un “republicanismo cosmopolita”, intercultural, crítico y cívico, capaz de enfrentar las condiciones adversas del presente.

La declaración de Milei en Davos intenta neutralizar la lección incómoda de Maquiavelo sobre la tensión entre eficacia política y moralidad. Pero eliminar la figura simbólica no borra el diagnóstico: el poder no se regula únicamente con buenas intenciones. Por ello, resulta crucial recuperar no solo El príncipe como advertencia, sino, sobre todo, los Discursos sobre la primera década de Tito Livio, que ofrecen un sólido programa republicano y cívico para contrarrestar la ola autoritaria. La historia, leída con espíritu crítico, nos recuerda la necesidad de virtudes públicas y prácticas deliberativas. Defender hoy un republicanismo cosmopolita, como propone Pérez Tapias, es una tarea ineludible para preservar la pluralidad y la justicia frente al avance del autoritarismo.

El autor es doctor en Filosofía.


LAS MÁS LEÍDAS

  • PASE-U 2025: El Ifarhu anuncia nuevas provincias para entrega de cheques. Leer más
  • Panamá extradita a un falso piloto que estafó a 4 aerolíneas. Leer más
  • Agroferias: el IMA anuncia puntos de venta para este viernes 30 de enero. Leer más
  • Las preguntas de Blandón al alcalde Mizrachi sobre el manejo de Summit. Leer más
  • Corte Suprema de Justicia declara inconstitucional contrato entre el Estado y PPC. Leer más
  • Ejecutivos de 22 multinacionales muestran interés en expandir operaciones y concretar inversiones en Panamá. Leer más
  • Copa Airlines invertirá más de $500 millones en 2026 y sumará 33 aviones hasta 2027. Leer más