Un día como este es perfecto para escribir la peor de las columnas, total, hoy anda todo el mundo como loco por aprovechar el último día de la fiesta de la farsa y la ponchera. A nadie le importa, cuando llega el Carnaval, que la calle esté dura y la vaina se vea muy mal, parafraseando al escritor panameño Pedro Altamiranda.
Escribir por ejemplo: estos políticos que andan de fiesta por ahí regalando suéteres, comida y cerveza, son los mismos corruptos que en el próximo pleno de la Asamblea aprobarán leyes que solo les beneficien a ellos, y se disfrazarán de blanco dizque para hacer ver que son puros y transparentes. Un disfraz cualquiera, como el de diablico sucio.
No exagero, que va, hoy no es día de reflexión ni de pensadera en temas muy “pesaos”, hay que cogerlo suave, arrancarse, echar unos tragos, buco comida y disfrutar, si ya esto se fue para casa del rayo, y es mejor vivir en un eterno martes de Carnaval y dejar que las cosas sigan su recorrido, total, ya nada se puede hacer.
Nuestro gran problema, cada vez más agudo, es que hemos conseguido vivir siempre en Carnaval. La dejadez ciudadana, el “poco importa” tan enraizado en la mente del votante, consigue que los mismos resbalosos estén sentados en las sillas del poder, aplicando la fórmula “guiales, guaro y campana” para todos los días. Nosotros en los culecos y ellos viviendo de fiesta.
La vida es necia, y pronto tendremos que decidir cuál será nuestro futuro. Cuando llegue el día, no votemos con el sonido de comparsa en la mente ni con el brillo de lentejuelas en la retina. Hoy es un buen día para decir todo esto porque nadie va a leerlo, todavía queda tiempo, y la parranda tiene que seguir, porque la sardina no se entierra aunque, si seguimos en un martes de Carnaval eterno, tarde o temprano, nos enterrarán un tubérculo más doloroso.
El autor es escritor
