Todo parece indicar que el reciente movimiento (UNE), anunciado por el expresidente Martín Torrijos, es, como dice el viejo refrán, “la misma mula revolcada”.
Si el Partido Revolucionario Democrático no estuviera tan desprestigiado y secuestrado por las figuras de siempre, pasando por encima de la línea del “relevo generacional” tan mencionada por Omar Torrijos Herrera, muy probablemente la formación del movimiento UNE jamás se habría gestado.
Pero las condiciones estaban dadas y servidas “en bandeja de plata” para que el aroma a tocino recién frito llegara hasta el olfato de Martín Torrijos, quien contempla el 2029 como una nueva oportunidad para regresar al poder.
Martín, como muchos políticos de vieja escuela, huele el jamón cuando se está cocinando y quizá, como le susurra su círculo cero y las viejas figuras que lo acompañaron al lanzamiento del producto UNE, la victoria puede estar cerca.
Es mejor salir de un naufragio con un viejo PRD y saltar a un salvavidas que puede representar un nuevo PRD light.
El PRD, como partido con opción de poder, ya no es ni la sombra de lo que fue hace veinte años. Más bien se asemeja a un tronco hueco y seco donde nada reverdece.
Su tradición clientelista y sus prácticas ceñidas a la “partidocracia” han hecho que su descomposición sea aún más rápida.
Es probable que el actual movimiento fundado por Martín Torrijos también pueda ser utilizado como cuota de poder para una posible alianza con otra figura conocida o cualquier otro partido tradicional.
Ya hemos visto en el pasado que, para el PRD, donde Martín hizo su carrera política, no existe impedimento alguno para establecer pactos con cualquier partido, incluso con los llamados partidos tradicionales o de derecha.
Por otro lado, el discurso de Martín no promete nada nuevo. Nada que vaya contra las estructuras que dan origen a la pobreza o la corrupción.
Es el mismo tipo de proclama que utilizan los clásicos partidos o figuras de oposición.
Cuando se está en oposición se critican las acciones del gobierno y, cuando se llega al poder, se justifican o maquillan las líneas emanadas del Ejecutivo.
No olvidemos que cuando Martín Torrijos fue presidente de Panama, en 2004, también existían excluidos, marginados, pobreza extrema, habitantes de calle, inseguridad, violencia, nepotismo, círculos cero y viajes constantes al exterior.
La aparición de Martín Torrijos nuevamente en el escenario político solo demuestra la ausencia de figuras y propuestas nuevas.
La conocida vorágine de rostros reciclados en UNE solo representa una breve transición del periódico “Jurásico” al periódico “Cretácico”. Mismas especies, todas diferentes.
Como bien plantea la conocida norma política del gatopardismo, solo se trata de darle un poco de oxígeno a un sistema político en decadencia, como lo es la actual “partidocracia”, donde dichas agrupaciones solo son útiles para alcanzar el poder político.
“Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie” (El Gatopardo, 1958). Yo añadiría: “Cambiar un poco el discurso sin transformar la realidad que hace posible la supervivencia de los partidos políticos y el clientelismo”.
El autor es sociólogo y docente.


