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Más allá de los genes: nuestro estilo de vida define nuestra salud

Más allá de los genes: nuestro estilo de vida define nuestra salud
Un estilo de vida saludable reduce el riesgo de sufrir demencia y depresión

Frecuentemente, escucho a personas decir que sufren de alguna enfermedad como diabetes tipo 2 o de algún tipo de cáncer prevenible, o problemas del corazón, porque lo heredaron de sus padres o abuelos. Por lo general, no tiene nada que ver con nuestros progenitores ni ancestros, sino con nuestros estilos de vida. Incluso, aun si tenemos alguna predisposición genética, muchas veces puede ser controlada a través de cómo y dónde vivimos nuestras vidas. Nuestros estilos de vida moldean nuestro futuro.

Genes o hábitos: la verdad incómoda sobre nuestros estilos de vida

Estudios científicos auspiciados por el Instituto Nacional del Cáncer (NCI) y otras agencias de investigación en enfermedades no transmisibles indican que el cáncer es una enfermedad genética causada por cambios en el ADN, pero solo entre el 5% y el 10% de los casos son heredados de nuestros padres. La gran mayoría de estas enfermedades, entre el 90% y el 95%, se deben a factores ambientales y de estilos de vida. Actividades como el tabaquismo, lo que comemos y la contaminación ambiental provocan cambios en nuestros cuerpos que contribuyen al desarrollo de estas enfermedades.

De igual manera, la diabetes tipo 2 surge de una combinación entre predisposición genética y factores del estilo de vida. Es como si la enfermedad estuviese latente y, dependiendo de cómo vivimos, detona una serie de procesos que causan que nos enfermemos. Si bien la genética representa aproximadamente el 20% de los casos de diabetes tipo 2, los factores del estilo de vida, como la mala alimentación, la obesidad y el sedentarismo, son los principales impulsores, causando hasta el 80% de los casos.

La Asociación Americana de Diabetes indica que la predisposición genética no garantiza el desarrollo de la enfermedad; requiere factores ambientales para manifestarse.

Entre los principales impulsores se incluyen una mala alimentación, la obesidad, la falta de ejercicio, el estrés crónico y la falta de sueño.

Los alimentos ultraprocesados (AUP) son aquellos que suelen contener cinco o más ingredientes, incluyendo aditivos, conservantes y saborizantes artificiales diseñados para mantener la vida útil de la comida y darle sabor. Se asocian a importantes riesgos para la salud, como el aumento de la obesidad, enfermedades cardíacas, diabetes tipo 2 y cáncer.

El alto consumo de alimentos ultraprocesados se asocia fuertemente con efectos negativos en la salud debido a sus altos niveles de sodio, grasas saturadas y azúcares, además de su bajo valor nutricional.

Se relaciona el alto consumo de alimentos ultraprocesados con un incremento de 50% en el riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular, un aumento del 55% en el riesgo de obesidad y un 40% más de riesgo de diabetes tipo 2.

Lastimosamente, debido a la vida ocupada que vivimos, estos alimentos suelen reemplazar a los alimentos naturales integrales ricos en nutrientes en nuestra dieta.

Muchos alimentos ultraprocesados están estrechamente vinculados al cáncer. Dentro de estos existe la categoría denominada carcinógeno Grupo 1, definida por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer. El Grupo 1 está principalmente representado por las carnes procesadas, como los embutidos. Se calcula que por cada 50 gramos de carne procesada que se consume al día hay un incremento aproximado de 18% en el riesgo de desarrollar cáncer colorrectal.

Otros ejemplos incluyen la comida rápida, sodas, pan blanco, sopas instantáneas, chocolate, dulces, helados y carnes procesadas (salchichas, chorizo), entre otros.

Hace unas semanas, participé en un congreso internacional de cáncer, donde uno de los conferencistas, cirujano oncólogo, relataba que, al operar a sus pacientes, observaba una marcada diferencia en el tumor de aquellos que cambiaban sus dietas hacia opciones más saludables y nutritivas.

¿Qué podemos hacer?

Un estilo de vida saludable, que incluya la pérdida de peso y actividad física regular, puede reducir significativamente el riesgo, incluso en personas con alta predisposición genética.

La diabetes tipo 2 se puede controlar, revertir e incluso prevenir mediante intervenciones en el estilo de vida.

Un estilo de vida saludable puede contrarrestar el riesgo genético, mientras que un estilo de vida poco saludable puede desencadenar la aparición de estas enfermedades no transmisibles, independientemente de una baja predisposición genética.

Una dieta rica en frutas y vegetales, acompañada de proteínas magras como pollo y pescado, junto con la actividad física diaria, no consumir productos de tabaco y el control de peso, es fundamental para mitigar tanto el alto riesgo genético como los hábitos de vida poco saludables.

Incluso con un alto riesgo genético, un estilo de vida saludable puede prevenir significativamente este riesgo; la prevención es nuestra mejor alternativa.

La autora es doctora en salud pública.


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