El miércoles 28 de abril de 2024 el Ministerio de Obras Públicas abrió 3 de los 8 carriles de la ampliación de la vía Arraiján–Panamá, un proyecto que, junto con el Cuarto Puente sobre el Canal de Panamá, busca reducir los tiempos de recorrido entre ambos distritos, mejorando así la calidad de vida de los residentes de Arraiján y La Chorrera que sufren el infierno vehicular todas las mañanas laborales. Supuestamente.
Todo muy bonito hasta que comenzamos a notar que, una vez más, (junto con la Línea 3 del Metro de Panamá) el gobierno nacional ha terminado subsidiando, no a los residentes de Panamá Oeste, sino a los desarrolladores inmobiliarios y propietarios de potreros en la nueva provincia. ¿Por qué? Sencillamente porque sin las mejoras a la infraestructura de transporte los proyectos pasados, presentes y futuros de nuevas urbanizaciones en Capira, La Chorrera y Arraiján tendrían cada vez menos acogida en el mercado. Una mejora momentánea.
Aquí entonces recordamos varias cosas, primeramente, que son los desarrolladores formales e informales de asentamientos humanos los que guían el proceso de urbanización en el Área Metropolitana de Ciudad de Panamá sin articular o comunicar sus desarrollos de forma racional de manera que se creen nuevos cascos urbanos densos de uso mixto.
Que dicho proceso pasa por alto cualquier consideración sobre el equipamiento urbano necesario para sostener la vida en una ciudad incluyendo el agua, alcantarillado, electricidad, telecomunicaciones, carreteras, transporte público, lugares de trabajo, de culto, de comercio y abastecimiento además de cultura y entretenimiento, espacios abiertos, etc. dejándole la labor al estado el cual “deja hacer” en nombre de la empleomanía y la creación de “soluciones de vivienda” efectivamente privatizando las ganancias y socializando las pérdidas.
Que este proceso urbanizador no crea ciudades, solo campamentos residenciales periféricos de bajísima densidad para los trabajadores de formación media y baja de Ciudad de Panamá y no ciudades ricas con todos los estamentos sociales necesarios, incluyendo sus élites económicas, culturales y políticas con un peso crítico suficiente para sostener la vida económica y cultural además de administrar lo más racionalmente posible los gobiernos locales de ambas provincias.
Que es dicha ausencia lo que dificulta la atracción de la inversión de alto valor agregado y la atracción del recurso humano altamente calificado suficiente que posibilite y sostenga dicha inversión en Arraiján y La Chorrera.
Tristemente lo que existe, lo hace en función de la economía y gobernanza capitalina ofreciendo todo su talento y capacidad de consumo a Ciudad de Panamá 5 de los 7 días de la semana y por lo menos 8 de las 16 horas activas del día (Y no, Panamá Pacífico no es un ejemplo de lo contrario, más bien funciona como enclave capitalino en Arraiján). Todo lo cual impulsa el movimiento pendular entre Panamá Centro y Panamá Oeste para el cual nunca habrá carriles y líneas de metro suficientes para satisfacer las demandas de la población al oeste del Canal de Panamá si seguimos desde el gobierno central y local impulsando políticas públicas que no ayudan a atraer, conservar y desarrollar una población socialmente diversa (con todos sus estamentos sociales) necesarios para realmente hacer ciudad.
El autor es subdirector de Planificación Urbana del Municipio de Panamá.