En el Día Mundial del Emprendimiento (cada 16 de abril), el desafío no es crear más negocios, sino lograr que evolucionen con tecnología, educación y acceso a herramientas productivas sostenibles.
En el marco del Día Mundial del Emprendimiento, el país enfrenta desafíos urgentes que invitan a reflexionar sobre el futuro del desarrollo productivo y el papel del emprendimiento en esa transformación.
Con aproximadamente 700,000 emprendedores que sostienen el 49% del empleo nacional, las micro y pequeñas empresas (mypes) no solo representan el corazón de nuestra economía, sino también su mayor oportunidad de evolución. Sin embargo, de cara a los próximos años, el reto no es simplemente que más personas emprendan, sino lograr que esos emprendimientos den el salto hacia modelos más productivos, sostenibles y resilientes, impulsados por la inteligencia artificial, la digitalización y la especialización.
La experiencia internacional es clara. Países como Corea del Sur han demostrado que una apuesta sostenida por la educación, la tecnología y la innovación puede transformar el rumbo de una nación en una sola generación. Más cerca de nosotros, Costa Rica ha construido un camino consistente donde el desarrollo del talento humano y la sostenibilidad han permitido que sus emprendedores se integren a cadenas de valor globales. Estos casos evidencian que el emprendimiento no crece de forma aislada, sino dentro de ecosistemas que lo acompañan, lo fortalecen y lo proyectan.
Panamá tiene condiciones únicas para dar ese salto. Nuestra posición logística privilegiada y la dinámica de nuestra economía nos colocan en una posición estratégica para convertirnos en un hub de microfinanzas inteligentes en la región. Pero para lograrlo, es necesario comprender que el verdadero cambio no vendrá únicamente de la conectividad, sino del uso inteligente de la tecnología en la gestión diaria de los negocios.
En este contexto, la inteligencia artificial puede convertirse en un verdadero nivelador de oportunidades. Hoy es posible que una emprendedora en una zona rural acceda, desde su celular, a herramientas que le permitan organizar su inventario, anticipar la demanda de sus productos o fortalecer la relación con sus clientes. Capacidades que antes estaban reservadas para grandes empresas hoy pueden marcar la diferencia entre un negocio que sobrevive y uno que crece de manera sostenida.
Sin embargo, este potencial enfrenta un desafío crítico: la brecha de habilidades digitales. No basta con que la tecnología exista; es fundamental que los emprendedores sepan utilizarla con confianza y propósito. El gran reto país es lograr que la innovación deje de percibirse como algo complejo o distante y se convierta en una herramienta cotidiana, accesible y útil. En otras palabras, se trata de democratizar la tecnología y ponerla verdaderamente al servicio del desarrollo productivo.
Desde la experiencia en el sector de las microfinanzas, este futuro pasa precisamente por esa integración. La tecnología no sustituye el valor humano, lo potencia. Pero también queda claro que el financiamiento, por sí solo, no es suficiente. El verdadero impacto ocurre cuando ese crédito se complementa con educación financiera, fortalecimiento empresarial, herramientas y educación digital, así como acompañamiento cercano que permita al emprendedor tomar decisiones con mayor seguridad en un entorno cada vez más exigente.
Impulsar el emprendimiento, en este contexto, es mucho más que una estrategia económica; es una decisión de país. Cada microempresa que logra fortalecerse representa una familia que avanza, una comunidad que se dinamiza y una economía que se vuelve más inclusiva y sostenible. Porque el desarrollo no ocurre únicamente en los grandes indicadores, sino en la capacidad de miles de panameños de convertir sus esfuerzos en oportunidades reales de crecimiento.
El autor es gerente general de Microserfin.


