Beni Medio Cociente y Cipri Residuo son los capos del partido que tiene secuestrado los colores patrios desde que se fundó en los años de la dictadura, lo que demuestra su vocación de servicio al poder único y a la identificación de “patria” con “régimen” u “hombre fuerte”, pero eso seguro que ya lo saben y no es el tema para hoy, pero ahí se los dejo.
Resulta que los votantes nos vamos acostumbrando en este país a ser gobernados por medio cocientes y residuos que, como sus propios nombres indican, son los que “de a vaina” se salvan en un sistema que favorece a la mediocridad, como está pasando también en cultura, educación o empresa, pasando por la denigrada política, donde todo favorece al residuoso y mediococientista, que en la rebusca “democrática” alcanza curul para después dar órdenes como si representara a la mayoría.
Beni y Cipri, según el profeta Martín (sin decirlo), van a acabar con la democracia interna del partido tricolor y, en sus largas reflexiones por todos conocidas, no entona el mea culpa alto y claro, y no señala con rotundidad a los causantes de tan preocupante situación: solo es un lavado de manos.
Esto no quiere decir que en otros partidos la cosa sea mejor, lamentablemente no y no es un consuelo, pero hay que dejarlo dicho para que nadie se llame a error a la hora de votar.
Nos encanta celebrar a los héroes patrios, pero no nos atrevemos a imitar su ejemplo, y así nos va hasta en literatura: mucho hablar de Changmarín o de Ramón H. Jurado, pero poco de imitar sus lecturas y dedicación a las letras.
El medio cociente y el residuo, la mediocridad que esas denominaciones encierran, son síntomas del derrumbe de todo aquello que anhelamos y por lo que tanto luchamos; son el material con el que hemos construido “el país perdido” en el que vivimos instalados con desidia desde hace tiempo.
El autor es escritor
