La obra “Memorias cruzadas” (Penguin Random House, 2026), de Daniel Samper Pizano y Enrique Santos Calderón, es el resultado de un diálogo ameno, inclemente y diáfano entre dos de los más destacados periodistas de Colombia. Amigos desde siempre, aunque en algunos momentos enfrentados y alejados por razones familiares, Samper y Santos han sido actores y testigos, desde el periodismo y como ciudadanos, de los más importantes acontecimientos de ese país en los últimos 60 años.
Los dos nacieron el mismo año, 1945, y han estado ligados desde siempre al poder político, económico y social de Colombia. Ambos, con hermanos presidentes —Ernesto y Juan Manuel— y tanto el uno como el otro, fueron formados en el periodismo por don Eduardo Santos Montejo, liberal, uno de los colombianos más influyentes del siglo XX, también expresidente de la República y propietario del diario El Tiempo, en su momento una referencia de la buena prensa mundial y latinoamericana.
Samper Pizano, periodista de formación, añade a su trabajo su humor y su acuciosidad para observar el mundo y analizar la vida cotidiana con sensibilidad y realismo. Santos Calderón, filósofo de izquierda, aprendió el periodismo desde adentro, revistiendo sus escritos con rigor profesional, información veraz y sentido social y de justicia. Samper y Santos formaron parte del grupo de jóvenes que, en la década del 60, iniciaron el periodismo investigativo en Colombia, del cual también formaron parte Luis Carlos Galán y Gabriel García Márquez, entre otros.
Las enseñanzas de Eduardo Santos Montejo imprimieron a las labores de Samper y Santos, como periodistas, una ética sólida y un valor impagable para una sociedad colombiana marcada por “traumas y conflictos, inequidades, desgarramientos y constantes sobresaltos”. Los autores conversan sobre su trabajo durante todos estos años y sobre cómo, muchas veces a riesgo de sus vidas, enfrentaron los exabruptos, los abusos y la violencia promovida por decisiones, acciones u omisiones de políticos, militares, narcotraficantes, guerrilleros, paramilitares, mafiosos o empresarios que, solos o en contubernio, poco o nada les ha importado construir un mejor derrotero para Colombia.
Los preceptos que nutrieron a Samper y Santos son muy claros y precisos: la “publicidad e información son dos mundos que no pueden mezclarse”; los medios no deben ser una incubadora o plataforma de ninguna candidatura política; no puede haber una puerta giratoria de trabajo entre los medios y el gobierno; los periodistas deben ser independientes y deben decir lo que piensan, tal como lo piensan, incluso si va en contra de la línea editorial del medio; “la responsabilidad de un periódico no se debe confundir con su libertad”; un medio debe oír y difundir otras verdades y dar oportunidad a que “otros” las expresen en ese mismo medio; un medio no se puede utilizar para cogobernar; el acceso a los documentos públicos es esencial para que la ciudadanía forme una opinión más informada y menos tolerante con la falta de ética de sus gobernantes y políticos; el ejercicio del periodismo es incompatible con la política activa, los cargos diplomáticos y las asesorías gubernamentales; los medios no pueden estar al servicio de los intereses comerciales y económicos de sus dueños; y los medios de comunicación deben fiscalizar el poder, el gran capital y el gobierno.
Elaborar o establecer comparaciones alrededor de lo que ha sido y es el periodismo en nuestro país sería necio e innecesario, más hoy, con el advenimiento y el asalto incontrolado de las redes sociales y su nefasta influencia en la psique y el comportamiento ciudadano, particularmente en las generaciones jóvenes.
Samper Pizano y Santos Calderón, en sus “Memorias Cruzadas”, nos regalan, a dos voces, una historia compartida llena de principios y valores, de lucha y tenacidad, de triunfos y fracasos, de esperanzas y desencantos, contribuyendo de manera proactiva al entendimiento entre los colombianos, a la protección del medio ambiente, al respeto por los derechos humanos y al combate frontal contra la corrupción, ese mal común que nos aqueja a todos.
Samper y Santos nos advierten que hoy la política gira más alrededor de escándalos de corrupción que de posiciones ideológicas y que le corresponde al periodismo, entre otras cosas, cuestionar y vigilar el poder.
En “Memorias Cruzadas”, Daniel Samper Pizano y Enrique Santos Calderón narran 60 años de dedicación y buen periodismo, resaltan que el mayor activo del buen periodismo es la credibilidad y concluyen que, en estos tiempos borrascosos, la gran víctima es la verdad, cada vez más fragmentada y ultrajada por los mismos de siempre, añado yo.
El autor es ingeniero industrial y consultor..

