El presupuesto aprobado por la Asamblea Nacional no significa que se deba cumplir, así lo dio a entender el presidente Mulino, lo que implica que el papel aguanta todo y que la realidad de los ingresos fiscales finalmente impondrá reducciones en el gasto. Alguien le sopló que los bancos creen más en la austeridad del gasto con hechos concretos si desea acceso a los 9 mil millones de dólares que requiere para las inversiones que se ha propuesto, en vez de generar confrontaciones sociales como presagiaron las manifestaciones que se dieron al calor del debate.
En el ejercicio presupuestario, el presidente Mulino y sus asesores de la Cámara de Comercio trataron de pasar por encima de la cultura política entronizada en nuestras instituciones cuando presentaron el presupuesto de la nación, quizás pensando que no era necesario conversar políticamente con los actores involucrados por su alto índice de aceptación en las encuestas. Craso error, ya que no basta tener un discurso fuerte ni generar una percepción de paso de ganso para lograr sus objetivos; ignorar esa cultura y no tomar en cuenta las últimas experiencias de las movilizaciones sociales que estremecieron al país puede llevar a que el gobierno alcance su objetivo mediante represiones, pero estaría sembrando un clima de fuerte confrontación social.
Lo aprobado pasará por la famélica realidad de lo que habrá en caja a la hora de pagar la planilla y las facturas gubernamentales. De ahí la simulada sonrisa de sus declaraciones, que ocultaban malestar, cuando dijo “el presupuesto es un supuesto”, porque le soplaron que él y el ministro Chapman tienen el sartén por el mango y serán los que ejecutarán la ilusión presupuestaria. Por ello creo que el debate, por inexperiencia y desconocimiento en estos menesteres, no fue políticamente bien dirigido por el Ejecutivo y se convirtió en una derrota para sus ideólogos de la Cámara de Comercio, que desean cambiar la realidad socioeconómica sin considerar que estos temas altamente sensitivos no se imponen a tambor batiente, a menos que sea a paso de ganso y con un casco en la cabeza.
Llevar a la Asamblea un presupuesto que recortaba a los diputados 93 millones de dólares para su aprobación sin discutir políticamente la pretensión fue un error similar al de Nito cuando presentó la reforma constitucional en la que le cercenaban poderes al órgano legislativo. Es como pedirle al condenado que se ponga la soga al cuello.
Pero si algo positivo tuvo el episodio presupuestario fue que las propuestas de la Cámara de Comercio y del presidente Mulino fueron finalmente conocidas de manera integral. No solo se pretende reducir el tamaño del Estado y la planilla estatal, sino además eliminar programas sociales que atienden a sectores más vulnerables del país. Entre ellos, los apoyos que reciben los más necesitados, los programas de becas, los 125 para los 65, entre otros más. Quitarle el chen chen a los sectores más vulnerables a los que Martinelli-Mulino se ufanaban de proteger en la campaña electoral resultó propaganda engañosa, lo cual deslegitima al gobierno bicéfalo y pone en peligro el frágil modelo político del país.
Las élites empresariales y el presidente Mulino realizan con estas acciones una cruzada en contra de los sectores más necesitados y vulnerables. Si debemos ajustarnos el cinturón en estos momentos difíciles y con un ambiente internacional complicado por las guerras, lo equitativo sería apretarnos todos el cinturón. Quizás, para dar el ejemplo, las élites empresariales debieran pagar los impuestos que evaden para que, con ese sacrificio desinteresado, el gobierno pueda recabar miles de millones de dólares que dejan de pagar, como condenaba el ministro Chapman antes de llegar al cargo; evasiones hoy publicitadas internacionalmente para atraer inversiones. Sin embargo, el ministro ha recalcado que no habrá reformas, y lo entendemos, por ser este un gobierno de empresa privada: no conozco en la historia de la humanidad que alguien se haya pateado su parte final de la columna vertebral.
El próximo evento gubernamental será la reforma a la Ley del Seguro Social. ¿Otra extracción de chen chen a los trabajadores? Creo que sí y la roncha crecerá.
El autor es abogado y exsecretario general del PRD.