Para mí, como atleta olímpico que competí con pundonor y honor, es inexplicable la posición del Comité Olímpico Internacional (COI) de sancionar al olimpismo de la hermana República de Guatemala y con ello a sus destacados deportistas.
Soy admirador de los ideales olímpicos y del trabajo del COI en el deporte mundial pero reprocho que trabajadores y miembros de esa asociación olímpica, pretendan estar por encima de la ley de un país e increíblemente pretendan no aceptar un fallo de su Corte Constitucional. Lo cual no tiene justificación alguna. Lo que sorprende es que a Guatemala se le deje sola frente a su pretendido desconocimiento como nación soberana, democrática e independiente.
Igualmente considero que la Organización Deportiva Centroamericana (ORDECA), que reúne a los presidentes de los Comités Olímpicos centroamericanos, en lugar de actuar con prudencia, lo que hizo fue castigar a los deportistas centroamericanos, sin responsabilidad alguna, al suspender los Juegos Centroamericanos “en solidaridad” con la inaceptable posición del COI que viola la soberanía deportiva de guatemalteca.
¿Qué culpa tienen los deportistas que un alto tribunal de justicia de un país, adopte una decisión legal?
¿En dónde queda el principio olímpico " el valor educativo del buen ejemplo”?
¿Qué tiene de valor educativo no respetar las leyes de un país?
¿Cómo es posible que un representante olímpico de Panama haya votado por castigar a los atletas panameños, sin ninguna participación o culpa alguna?
En verdad, como atleta olímpico aspiro que en el COI impere la sensatez y el respeto por las leyes de las naciones.
En Latinoamérica es común que algunos dirigentes olímpicos quieran desconocer la ley de su respectivo país, con el propósito de perpetuarse en la conducción de un comité olímpico nacional y ello, ya ocurrió en nuestro país, sin embargo asociaciones olímpicas regionales apadrinan esas ilegales e inmorales conductas, en lugar de condenarlas.
Me entristece que se utilice a los deportistas como escudo para intentar eternizarse, en la conducción de una asociación olímpica.
No hay mal que dure 100 años ni pueblo que lo resista.
El autor es atleta olímpico, México 1968
