Soy un ciudadano jubilado de 91 años de edad. Tenía 31 cuando era estudiante del Instituto Moderno Nocturno (vinculado al Instituto Nacional, IN), donde las clases comenzaban a las 5:00 p.m. Ese 9 de enero de 1964, alrededor de las 6:00 p.m., sonaron las campanas del IN y todos salimos a ver qué ocurría. Lo que vimos fue impactante: unos 20 estudiantes regresaban con la bandera panameña rota y mancillada, producto de una acción realizada esa mañana en la Zona del Canal.
Ese grupo había ido a izar nuestra bandera en la escuela Balboa High School, cumpliendo con un acuerdo oficial que exigía que la bandera panameña ondeara junto a la estadounidense en los edificios de la zona. Sin embargo, fueron repelidos violentamente por estudiantes del BHS, padres de familia y policías de la Zona del Canal. Nuestra bandera fue ultrajada.
En la tarde, estos mismos estudiantes llegaron al vestíbulo del Instituto Nacional pidiendo apoyo para marchar de nuevo hacia la Zona del Canal. Nos unimos estudiantes del Instituto Moderno Nocturno, del IN y de otros centros educativos. Al llegar, nos encontramos con un cordón de autos patrulleros de la policía zonal que nos impedía el paso. La frustración nos llevó a lanzar piedras. En respuesta, comenzaron los disparos.
Corrimos hacia la avenida Nacional para protegernos. Yo me oculté detrás de un poste de luz de cemento, que me sirvió de escudo. Desde ahí vi caer a un joven en medio de la entonces avenida 4 de Julio. Grité para pedir ayuda y un grupo de compañeros lo recogió. Más tarde supe que se llamaba Ascanio Arosemena. Fue llevado de urgencia al Hospital Santo Tomás, donde se confirmó su muerte. La noticia se difundió rápidamente por la radio.
La marcha se replegó por la avenida 4 de Julio y pasó frente al edificio de Pan American, que fue incendiado y ardió durante toda la noche. En la madrugada del 10 de enero, organicé un grupo de jóvenes del área donde vivía, en calle Mariano Arosemena y avenida Nacional, a unas cuatro cuadras de la avenida 4 de Julio. Nuestra intención era atacar el hotel Tivoli, símbolo de los residentes zonales. Preparamos bombas molotov con gasolina. Esa madrugada llegamos al recinto de la Asamblea Nacional y desde ahí cruzamos a la avenida 4 de Julio para lanzar los explosivos.
Los militares estadounidenses estaban preparados: apagaron las llamas con mangueras y nos repelieron con disparos y rifles con visión nocturna. Vi a varios heridos; por fortuna, salí ileso. Durante el día, el pueblo se concentró en la plaza 5 de Mayo para manifestarse pacíficamente.
El 11 de enero, desde la Asamblea Nacional, se dispararon armas pequeñas contra los soldados estadounidenses apostados en la loma cercana. La respuesta fue brutal: ametralladoras calibre .50 perforaron las paredes del edificio. Hacia el mediodía, un sargento de la Guardia Nacional llegó armado con un rifle y se subió a uno de los edificios, aunque no supe si logró impactar a alguien.
Todo esto ocurrió porque anhelábamos ver nuestra bandera ondear en un territorio que nos pertenecía, aún a costa de arriesgar la vida. Esta gesta provocó la revisión de los tratados del Canal de Panamá. Es fundamental reconocer el sacrificio de nuestros mártires. Fue en ese contexto que el presidente Roberto Chiari decidió romper relaciones diplomáticas con Estados Unidos.


