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Minería: coherencia, no hipocresía

En estos últimos meses me he encontrado con buenos y queridos amigos, conocidos y extraños, que repiten como mantra: “No a la minería, la minería no es sostenible”. Justo esa última frase me suena a hipocresía. Y aquí vienen verdades dolorosas: cotidianamente estas mismas personas practican, directa o indirectamente, actividades no sostenibles, pero que ya han sido normalizadas. Entonces, ¿por qué unas sí y otras no?

Muchas actividades comunes y sectores económicos también se clasifican como no sostenibles cuando se practican de forma intensiva, lineal (extraer–usar–desechar) y sin gestión adecuada de sus impactos. La propia definición de actividades no sostenibles incluye aquellas que:

  • Extraen recursos más rápido de lo que la naturaleza puede regenerar.

  • Producen residuos y contaminación que los ecosistemas no pueden absorber.

  • Alteran o destruyen hábitats, reduciendo la biodiversidad.

  • Dependen de fuentes de energía no renovable.

A continuación, algunos ejemplos:

1. Agricultura y ganadería industrial

Por qué no es sostenible: uso masivo de agroquímicos que contaminan suelos y aguas; deforestación para monocultivos o pastos; alto consumo hídrico (por ejemplo, producir un kilogramo de carne de res requiere cerca de 15,000 litros de agua); pérdida de biodiversidad y emisión de metano.

2. Pesca industrial de arrastre

Por qué no es sostenible: agota poblaciones de peces más rápido de su capacidad de reproducción, destruye hábitats marinos —como fondos coralinos— y genera capturas accidentales masivas que amenazan la vida marina.

3. Industria de la moda rápida (fast fashion)

Por qué no es sostenible: consumo intensivo de agua (alrededor de 2,700 litros para una camiseta de algodón), contaminación por tintes tóxicos, liberación de microplásticos de fibras sintéticas y un modelo que fomenta el descarte acelerado de prendas de baja calidad.

4. Energía basada en combustibles fósiles

Por qué no es sostenible: emisión de gases de efecto invernadero, contaminación del aire y dependencia de recursos finitos como petróleo, carbón y gas. Sin embargo, todos los días usamos el automóvil.

5. Urbanización y construcción expansiva

Por qué no es sostenible: transforma suelos fértiles y hábitats en cemento, incrementa la huella urbana, genera islas de calor y depende de sistemas de transporte altamente demandantes de energía.

6. Gestión lineal de residuos (plásticos y electrónicos)

Por qué no es sostenible: producción masiva de plásticos de un solo uso que terminan en océanos y vertederos; desecho de equipos electrónicos con metales pesados que contaminan suelos y aguas. Solo una fracción mínima se recicla.

7. Turismo masivo no regulado

Por qué no es sostenible: sobrecarga ecosistemas frágiles —playas, arrecifes, montañas—, genera contaminación, desplaza comunidades locales y eleva el consumo de agua y energía en temporadas pico.

La clave no es necesariamente prohibir estas actividades. A la luz de la realidad, todos participamos de una u otra forma en ellas y las hemos normalizado. Claro que no está bien y debemos mejorar su gestión, aplicando mejores prácticas y regulaciones más estrictas.

La minería es esencial para mantener la calidad de vida que llevamos. Particularmente, los metales forman parte de casi todo lo que usamos y de lo que nos rodea. Por ello, lo que se necesita no es hipocresía selectiva, sino coherencia.

El autor es geólogo profesional.


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