La formación de los carteles que controlan el narcotráfico en México tiene una génesis particular y que fue diversificándose conforme se iba haciendo más robusta dicha actividad criminal.
De acuerdo al historiador Juan Carlos Montero, autor de la obra Historia del narcotráfico en México ( 2013), existen diferentes periodos en los cuales se puede contemplar cómo la actividad del narcotráfico en México se fue desarrollando hasta convertirse en el “monstruo” que hoy tenemos.
El comercio de marihuana y la producción de opio en un principio, según Montero, se comercializaba y se controlaba por “redes chinas”, quienes usaban a los mexicanos para su venta y transporte. Sin embargo, los mexicanos “desplazarían violentamente” a los chinos en el control del negocio ( periodo de 1926- 1940).
En un inicio, la producción de marihuana en México era la predominante en el negocio de los estupefacientes, indica Montero; sin embargo, en un corto periodo se fueron incorporando el comercio de la heroína y la cocaína, lo cual significó un salto extraordinario en cuanto a las ganancias multimillonarias en los carteles mafiosos mexicanos.
Las disputas por estos mercados o plazas dio origen a crímenes brutales y atroces, en particular en las décadas de los 80 y 90, con el surgimiento de “caras de narcos” conocidas como los Arellano Félix, Joaquín El Chapo Guzmán, Rafael Caro Quintero y los Beltran Leyva, entre otros. Muchos de éstos primeros narcos se encuentran hoy día en la cárcel o asesinados; sin embargo, como lo señala la periodista y escritora Anabel Hernández (Los señores del narco, 2010), la eliminación de un capo mexicano también significa el surgimiento de 10 más.
De acuerdo a Hernádez, casi todos los “gobiernos de México” han recibido el patrocinio de un cartel en particular, razón por la cual una vez instalados en el poder, los narcotraficantes reciben protección. En la serie Narcos-México, se puede apreciar la forma en que, por ejemplo, el Cartel de Sinaloa recibe protección de un gobierno en particular, lo cual incluye también la eliminación de grupos rivales en dicho negocio.
Según Hernández, el narcotráfico en México ha “logrado penetrar el ejército, la policía, estamentos de inteligencia, sistema judicial, parlamentario etc…” Por esta razón, es tan difícil erradicar dicho problema, ya que en México muchos reciben una “tajada” directa o indirectamente de este negocio.
La corrupción de autoridades en México no es propia de dicho país. Ya en América Latina ha pasado y sigue pasando con intensidades variopintas. Recordemos la famosa guerra entre los carteles de la droga y el Estado colombiano en la década de los 80, donde salieron a la luz toda una serie de estructuras del crimen organizado para mantener a raya la aplicación de la justicia.
Sin embargo, lo preocupante del caso de México es la variante en la manifestación de la violencia sin precedentes en la cual la detención de un supuesto capo (Ovidio Guzmán) originó un despliegue de un ejército controlado por los narcos y que es capaz de enfrentarse a el ejército regular, llegando incluso a poner en estado de sitio a poblaciones y comunidades. Este fenómeno no lo hemos visto con los grandes carteles colombianos, que evitaban tales enfrentamientos con los estamentos de seguridad.
En Panamá, estamos haciendo un recorrido parecido al caso de México. Por ejemplo, ya se habla de políticos financiados por el narcotráfico ( el propio expresidente Juan Carlos Varela lo denunció en una entrevista), la aprobación de una ley que no permita que los casos relacionados con corrupción puedan prescribir y la oposición a la misma por parte de ciertos diputados. También existen muchas pandillas asociadas al crimen organizado y qué hablar de los ajusticiamientos casi diarios con tintes de una violencia desmedida. En Panamá, han ocurrido fugas espectaculares de supuestos capos ante la mirada de policías y jueces de turno. También ha habido enfrentamientos armados entre bandas rivales de grandes proporciones dentro de los penales, lo cual indica un nivel de corrupción de las propias autoridades.
México es catalogado por muchos investigadores propios del tema como un “narco Estado”, es decir, un país que prácticamente perdió la batalla contra el flagelo del narcotráfico y no precisamente por la acción de los carteles mafiosos, sino por la cantidad de antivalores que salpican a la propia sociedad. En México, a las acciones corruptas les llaman “mordidas”; aquí en Panamá son bautizadas como el “juega vivo”.
El autor es sociólogo y docente panameño.
