Juan Diego Vásquez, próximo ex diputado de la Asamblea Nacional por voluntad propia, cumpliendo con su compromiso de no reelección, corre el riesgo de morir de éxito por un exceso de exposición mediática que amenaza con atragantar al electorado que le sigue mostrando su confianza, pero que no le aguantará hablando por las televisoras mostrando cierto aire de venir de vuelta de todas las cosas. “Los mirones son de palo”, y actuar como una suerte de expresidente “opinón”, pero sin ningún poder para ejercer un cambio efectivo, puede costarle todo su capital político que mucho necesitamos.
Sucede algo parecido con Vamos, la coalición que puede marcar la diferencia en la Asamblea Nacional, siempre y cuando actúe como un partido político, con una disciplina y unos compromisos colectivos que generen confianza en el electorado, porque, no nos olvidemos, los “independientes” los son como su propio nombre indica, y deben ser capaces de hacer con su curul lo que en conciencia crean que deban hacer, eso es lo justo y democrático, y nada debe impedirlo más que su conciencia ciudadana o la disciplina de partido que deberán aplicar a pesar de no serlo. Veremos qué pasa.
La idea de que existe una “nueva política” o que los “partidos tradicionales” han muerto, es una ingenuidad que se paga con uno o dos quinquenios de “iluminados independientes”, que convertirán su visión en la única esperanza para un país que democráticamente elije con porcentajes muy bajos a presidentes que no representan a la mayoría de los ciudadanos y no cuentan con el respaldo claro en la Asamblea.
El problema no está en las herramientas democráticas (los partidos y las coaliciones lo son), sino en el uso que les damos. Prefiero hacer esta lectura y equivocarme, que aferrarme a una confianza poco informada que siempre está en el aire después de las elecciones, esa muerte por éxito electoral que repetimos cada cinco años y de la que seguimos sin aprender apenas nada.
El autor es escritor.
