ÉTICA

Cuando mueren los principios

Los principios nacen en la educación que los hijos reciben en sus hogares. Un padre de sólidos principios civiles y morales inculcará a sus hijos lo que a su vez aprendió de sus padres.

Cuando los hijos de una patria crecen sin principios, los pueblos se hacen estériles y apáticos, languidece en ellos la conciencia de justicia.

Los principios son reglas o normas que orientan la acción de un ser humano cambiando las facultades espirituales racionales. Se trata de normas de carácter general y universal, como, por ejemplo: amar al prójimo, no mentir, no robar, respetar la vida del resto de las personas, etc.

Stephen R. Covey define los principios como faros y como leyes naturales que no se pueden quebrantar. Cecil B. de Mille en su famosa película Los Diez Mandamientos también consideró lo inquebrantable de estos preceptos naturales: “Nosotros no podemos quebrantar la ley. Sólo podemos quebrantarnos a nosotros mismos y en contra de la ley”.

Es aquí cuando cobran vigencia los valores tradicionales y las buenas costumbres. Hoy, las tradiciones y viejas costumbres se echan de lado porque les parecen ridículas a los jóvenes, y los que comercian con la vanidad la ven como obstáculo a su tráfico de constantes novedades pasajeras, que buscan complacer y halagar el ego y la soberbia de cada uno y de todos.

Los hombres pensaban en el apellido que habían recibido de sus antepasados y luchaban por engrandecerlo y encumbrarlo aún más. Eran tiempos cuando un hombre valía más por la riqueza de su honrada reputación que por la del bolsillo. Tiempos cuando un hombre hacía valer prioritariamente sus nobles principios por encima de los subterfugios que pudieran enriquecerle a costa de la honra y el bienestar de los demás.

Hoy, lamentablemente, todo eso ha cambiado. Los principios ya no cuentan tanto como las conveniencias, oportunidades y ventajas. Ya no se le da tanta importancia a la honra como al “billete”. Se encumbran con aplausos y sumisiones serviles a los “audaces” que logran alcanzar sus fines, valiéndose de cualquier medio, por inmoral que este sea.

Estas son personas que crecieron sin principios y crían sin ellos a sus hijos, e inculcan con ellos a sus cómplices. Estos son los que aniquilan las leyes porque les estorban. Son personas inescrupulosas, que conciben sus propias leyes y principios, y que no son otros que los que se acomodan a las estrecheces de sus conciencias y al raquitismo de sus mentes enfermizas.

El autor es abogado y ex rector de la USMA

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