Solo adentrándose a los bosques de manglares de Juan Díaz uno puede darse cuenta de la grandiosidad y perfección de este sitio. Un equilibrio simétrico entre tierra y agua, vida y muerte, naturaleza y ciudad.
Su riqueza ecológica se encuentra en el medio de la ciudad de Panamá, tiene un valor muchísimo mayor a otros parques y ecosistemas, cuyo desconocimiento está permitiendo que agonice día a día, preparando su muerte anunciada.
Durante todo lo que lleva el año de 2017, hemos estado realizando un proyecto de investigación, financiado por Senacyt, en el área.
Una alianza única entre empresa privada, universidad e investigadores de entidades gubernamentales, donde estamos recabando datos del agua, suelo, materia vegetal y del bioma, buscando mediante una explicación científica afirmar las interacciones que ocurren.
Los resultados son sorprendentes. Podemos demostrar que los manglares, bajo todas las presiones existentes, son un ecosistema que vive y nos da lecciones importantes.
Nos demuestra que el río Juan Díaz es una columna vertebral de esos manglares, en los que encontramos, en su área ribereña, la mayor biodiversidad de mangles y de animales.
Esto nos demuestra que el área más conservada tiene un importantísimo valor como sumidero de carbono, disminuyendo los impactos del cambio climático.
Además, los manglares nos demuestran que esta, un área que ha sufrido una terrible afectación química, tiene una capacidad fenomenal de recuperación.
La investigación nos demuestra que las actividades de reforestación no han sido exactamente la solución a las talas y deforestaciones.
Pero, seguramente, esta información quedará para el epitafio de estos manglares, con mucho más valor para la ciencia que para una población que desconoce el valor y las importantes funciones que cumplen los manglares.
Estimados lectores, aprovechen para conocerlo antes de que llegue su fin a manos del “progreso”, así podrán contarles a sus nietos sobre el lindo lugar que era.
La autora es directora de Toth Reseach & Lab