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Sábado Picante: Mulino y la admisión escondida de su fracaso

Sábado Picante: Mulino y la admisión escondida de su fracaso

El discurso del presidente de la República en la Asamblea Nacional fue optimista… y distante de la realidad. Empezaré con lo más reciente. Narcotráfico: dijo que cuando fue ministro de Seguridad se concentró en golpear organizaciones criminales y redujo el tráfico de drogas, pero “con los años vi, con preocupación, cómo esa presión fue aflojando y cómo los narcos volvieron a meterse en nuestros barrios…”. Eso se debe, señor presidente, a que cada Administración tiene su propio librito, como lo tiene Ud. No hay una política de Estado y no la habrá porque a nadie le interesa, ni siquiera a Ud. Así que lo que haga hoy para reprimir quizás no sea la prioridad del próximo gobierno. Si quiere un cambio, construya políticas de Estado con la participación de todos, no solo de su incompetente grupito.

“Soy pro-derechos humanos…”. Esta frase es una gran hipocresía de Mulino, así como cuando se refirió al maltrato que recibieron obreros del cuarto puente: “En mi gobierno se respeta a los panameños”. A propósito de su época de ministro de Seguridad, ¿no fue bajo su gestión, en los disturbios de Changuinola de 2010, que fueron asesinados dos dirigentes bananeros y cinco niños murieron a causa del gas lacrimógeno que usó la Policía, sin contar las más de 700 personas heridas, 10% de ellas con perdigonazos en los ojos? ¿Y no fue en 2012 que dos jóvenes –de 17 y 27 años– fueron asesinados por la Policía en otros disturbios, también bajo su mando? Si eso es respetar y ser pro-derechos humanos, Ud. tiene una brújula moral súper retorcida.

En cuanto a crear empleos, dijo medias verdades. Por un lado, hay más empleados que nunca en el Estado y muchos con funciones sin definir. Mientras tanto, se sirven café, se liman las uñas y arreglan el mundo en charlas interrumpidas por la hora de salida. Hay otros con más trabajo, particularmente del área digital, donde emprendedores –bien pagados– discurren su tiempo en campañas contra el que hable mal del Gobierno o contra su proyecto estrella: la mina. Atacan a críticos y a disconformes, a periodistas y medios. Y lejos de hacer lo posible para que estos último conserven su empleo, Mulino hace lo imposible para que no le llegue un centavo del Estado a medios independientes, salvo que se arrodillen ante su imperial presencia.

Sobre el proyecto de fulgor cobrizo que hace brillar sus ojos, dijo que solo miembros de su Gabinete nos dirán si la mina –en la que él ha puesto todas sus esperanzas– es buena o no para el país. Presidente, no se moleste en anunciar al país esas conclusiones. Desde ya –como decía el general Paredes– pase lo que pase, sabemos que ese proyecto va porque sí… sí o sí. Los que se opongan sufrirán el escarnio de la descalificación en las redes sociales, pues sus amados emprendedores digitales no atacarán el mensaje, sino a los mensajeros, y así matan dos pájaros de un tiro.

“Vienen buenos tiempos. Viene lo que debió empezar hace dos años si hubiésemos recibido un país bien administrado”. ¿Quién puede creerle a Mulino que él no sabía del desastre que era la administración Cortizo o el saqueo del que fue víctima el Estado y por el que ni un solo pez gordo ha caído ni devuelto un real? Sus palabras, a mi parecer, son su tácita admisión de que la absurda promesa del chen chen siempre fue un cuento malo y perverso: jugó con la necesidad de la gente y ahora culpa a Cortizo de no hacer realidad sus promesas preñadas de mentiras. Es descaro a nivel celestial. Otro de sus juegos es la promesa de digitalizar citas médicas para evitar las interminables filas de madrugada. Pero esas filas no solo son por falta de citas, sino de médicos, especialistas, equipos, medicinas e insumos. ¡Conéctese con la realidad!

Presidente, deje de jugar con las palabras. Ud. es su esclavo, incluso cuando no las pronuncia. Por ejemplo: De las casi cinco mil palabras de su discurso, no dijo una sola sobre el agua en Herrera. Borró la provincia y su problema. Otro: el ferrocarril. Su castillo de arena se derrumba, pero nos tira al desvío: lo terminará –y comenzará, seguramente– otra Administración. Su cacareado estudio de viabilidad no está en el portal digital de la Presidencia. ¿Existe? Espero que no se arrepienta de apoyar a su colega política y abogada, Shirley Castañedas, porque ya no podrá culpar a Cortizo.


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