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Enfoque gerencial

Mundial de fútbol: la FIFA y el reto de la sostenibilidad

Cuando empiece el Mundial 2026, todos vamos a estar pendientes del fútbol. De los partidos, de las selecciones, de las historias. Pero detrás de esta fiesta deportiva están decisiones, procesos y acciones que apuntan hacia la sostenibilidad.

Un análisis del World Economic Forum proyecta que la industria del deporte podría alcanzar un valor cercano a los US$8.8 trillones hacia 2050, pero advierte que los riesgos ambientales y sociales podrían generar pérdidas de hasta US$1.6 trillones anuales si no se gestionan adecuadamente.

En el caso del Mundial 2026, estamos hablando del evento deportivo más grande del planeta, esta vez con 48 selecciones, tres países sede y 16 ciudades. Eso implica más vuelos, más movilidad, más consumo de recursos.

La FIFA ha venido trabajando en eso desde hace algunos años. Ya no es un tema accesorio. De hecho, tiene una estrategia bastante clara donde la sostenibilidad se aborda de forma integral: energía, movilidad, residuos, infraestructura y, algo clave, el legado que deja en las ciudades.

En Qatar 2022 se dieron algunos pasos interesantes. Se recicló o reutilizó cerca del 79% de los residuos de construcción, se incorporaron materiales reciclados en varias instalaciones y se empezó a hablar en serio de economía circular dentro del torneo. No fue perfecto, pero marcó una dirección.

El Mundial 2026 sube la apuesta. La idea es avanzar en el uso de energías limpias en los estadios, mejorar los sistemas de transporte para reducir emisiones, gestionar mejor los residuos y trabajar en esquemas de compensación de carbono.

La sostenibilidad en el deporte no es solo un asunto técnico, es también un tema cultural. El fútbol tiene una capacidad enorme de influir en cómo pensamos y actuamos. Lo que pasa en un Mundial no se queda en la cancha.

Si un evento de esta magnitud empieza a cambiar la forma en que se construyen estadios, se movilizan las personas o se gestionan los residuos, eso termina impactando mucho más allá del torneo.

Un Mundial, por definición, tiene una huella ambiental alta. Es inevitable. La conversación real no es si impacta o no, sino cómo se gestiona ese impacto y qué tan serio es el compromiso por hacerlo mejor.

Al final, el Mundial 2026 va a dejar muchas historias. Algunas deportivas, otras económicas. Pero también va a dejar una señal sobre hacia dónde se está moviendo el deporte en temas de sostenibilidad.

El autor es fundador de Semiotik


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