“Amo la traición, pero odio a los traidores”, así se expresó el gran Julio César, que después cayó víctima de los puñales traidores de su propia gente. El escenario en nuestro país no es tan fatal, pero hay una realidad. Debajo de sus vestimentas y muy bien disimuladas, los políticos de cualquier tinte acarician los venenosos puñales traidores dispuestos a darles uso si ven que sus intereses están en riesgo. Ya lo dice el viejo y clásico refrán; “el que traiciona una vez, traiciona mil veces”. La clase política en nuestro país se encuentra recibiendo ráfagas de total demencia que penetran sus cerebros advirtiendo que algo debe hacerse para continuar sobreviviendo y, es el momento en que se incuba el germen de la traición y se envilece la palabra cargada de farsas y promesas que jamás cumplirán.
El pueblo observa a estos oportunistas y charlatanes y son miles de ciudadanos que a esos personajes les lanzan miradas embrutecidas advirtiéndoles que los traidores no contarán con sus votos en 2019. ¿Será cierto este demoledor golpe? Ya hemos visto cómo el pueblo olvida precipitadamente los actos y pecados de los políticos y nuevamente vuelven a equivocarse favoreciendo a los farsantes.
Es una realidad que al acercarse unas elecciones, las epidermis de los políticos tiemblan y sudan como caballos trapicheros, y es natural, porque en materia política no todo está escrito y las sorpresas y sorprendidos son los ingredientes en tiempos de elecciones.
De actos traidores están colmadas las páginas de la historia y no pretendo aburrir al lector con angustiosos pasajes del ayer y hoy. Lo que me indigna es ver a un puñado de neuróticos políticos cambiando sus principios y a otros la lealtad a sus colectivos, y después dando saltos de canguro para donde pueden negociar y facturar los compromisos asquerosos y traidores. A cambio de unas cuantas monedas.
Por todo lo anterior, debo confesar que también admiro el cinismo con el cual se entregan, porque ya han perdido dignidad y llevan la cabeza baja aceptando su condición de serviles y sumisos a los que pregonan que son dueños de Panamá.
Estos sujetos hacen juramentos de lealtad que rebotan tan pronto reciben mejores ofertas de caciques acaudalados que conocen muy bien cómo manejar el nido de víboras hambrientas de mantenerse en el poder.
Nuestro país no puede permitir equivocarse de rumbo. Si bien hemos vivido buenos presagios y desatinos, es el momento indicado y la hora indicada para dar lecciones de virtudes ciudadanas a nuestra clase política. ¿Cómo lograrlo? Hay que continuar observando el escenario político día a día. Anotando y grabando el comportamiento de los candidatos para 2019. Evaluar estos resultados y tomar la decisión correcta. En esta ocasión queda... “prohibido equivocarse”.
El autor es periodista