[LIMITACIONES]

Así se navega con ‘cibermuralla’

Las jóvenes Cheng Hong y Yang Xiao residen en el mismo país, China, pero cuando se conectan a internet viven realidades muy distintas. Cheng navega dentro de los límites permitidos por la denominada “cibermuralla”, el estricto sistema de control gubernamental; Yang busca la manera de saltársela. La primera tarda unos 10 minutos en ponerse al día de las notificaciones en su móvil. La segunda se desespera por no poder hacer lo mismo hasta que llegue a la oficina, donde con la ayuda del VPN –un servicio de pago que ofrece conexiones a servidores de otros países– conseguirá acceder a todas aquellas páginas web y aplicaciones que Beijing bloquea a sus ciudadanos.

La mayoría de los 649 millones de internautas chinos navega como lo hace Cheng. La República Popular es ya el país con más usuarios de internet del mundo, y un 85% se conecta a través de dispositivos móviles, según datos del Centro de Información de Redes e Internet de China. En menos de una década, la sociedad china ha mutado hacia un entorno más digital y tanto jóvenes como mayores abrazan las redes sociales.

Chen justifica su adicción al teléfono en que gran parte de su trabajo –es empleada de una agencia de viajes– lo realiza a través de las redes. “Tengo que estar permanentemente conectada con los clientes”, explica la joven, que cuenta con más de 500 contactos en su perfil de WeChat, el principal servicio de mensajería instantánea. Yang vive un poco más apartada de esta realidad. Estudió en Estados Unidos y trabaja en una oenegé en Beijing que lucha contra la contaminación del aire y del agua. En su caso, las redes sociales son necesarias para dar a conocer sus proyectos y para contactar con expertos en el extranjero. En este sentido, el “Gran Cortafuegos chino”, el sistema de censura y control de la red del Gobierno, es uno de sus mayores quebraderos de cabeza, como lo es para la comunidad extranjera, los investigadores o los académicos.

Desde inicios de año, el Gobierno chino ha hecho aún más difícil el acceso a sitios web prohibidos intensificando los ataques contra los VPN. La Oficina Estatal de Información e Internet –encargada de sostener el sistema de bloqueo– censura resultados en los buscadores y elimina comentarios en las redes sociales. Según datos publicados en 2013 por medios estatales, el sistema cuenta con dos millones de censores. Las autoridades obligan a los usuarios a registrarse con su nombre real y advierten de que si un mensaje se comparte más de 500 veces, el autor debe asumir la responsabilidad legal. El bloguero Qin Zhihui fue el año pasado el primer condenado a tres años de prisión por sus comentarios en Weibo, el Twitter chino. “La campaña de censura es ahora más fuerte que nunca”, apunta Jeremy Goldkorn, analista de internet y medios de comunicación con más de 20 años de experiencia en China. En su opinión, el endurecimiento de los controles en las redes “se ha intensificado al mismo ritmo que lo ha hecho su uso”. El director del Centro de Investigación de Internet, Liu Xinglian, defiende en cambio que las redes sociales han canalizado las quejas ciudadanas y contribuido a la lucha contra la corrupción. El máximo responsable del organismo que controla internet, Lu Wei, aseguró que el país “salvaguardará su soberanía cibernética” y que las empresas extranjeras pueden ir “a China si obedecen la ley”.

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