Durante los últimos años, el nearshoring ha pasado de ser una tendencia emergente a convertirse en una decisión estratégica para empresas que buscan resiliencia, eficiencia y cercanía con sus mercados clave. En este contexto, Centroamérica y América Latina aparecen con frecuencia en el radar de los inversionistas. Sin embargo, la experiencia demuestra que no todas las decisiones asociadas a esta tendencia global generan valor, y muchas fracasan antes de consolidarse.
¿Por qué ocurre esto? Entre otras razones, porque se percibe el nearshoring como un simple mecanismo de traslado de mercancías. En la práctica, los proyectos que enfrentan mayores dificultades no fallan por falta de talento, infraestructura o ubicación geográfica, sino por una planificación logística insuficiente, tardía o desconectada del modelo de negocio.
El nearshoring exitoso exige comprender que cada decisión inicial —la jurisdicción elegida, la estructura legal, la cadena de suministro, los precios de transferencia, el uso de incentivos fiscales y el cumplimiento regulatorio— tiene implicaciones directas en costos, riesgos, reputación y sostenibilidad a largo plazo. Cuando estos elementos no se integran desde el diseño inicial del proyecto, las empresas suelen enfrentarse a reprocesos costosos, contingencias tributarias y aduaneras, y barreras para escalar sus operaciones.
En EY hemos observado que las organizaciones que capturan verdadero valor de esta tendencia global son aquellas que la abordan como una transformación estratégica, no como una reacción coyuntural a disrupciones globales. Estas empresas alinean sus objetivos estratégicos con su operación, su gobierno corporativo y su visión de crecimiento, considerando tanto los marcos normativos locales como las exigencias internacionales en materia de transparencia y cumplimiento.
Centroamérica cuenta con ventajas competitivas como la cercanía con Estados Unidos, experiencia exportadora, accesibilidad marítima al Pacífico y al Atlántico, talento humano calificado y sectores con alto potencial de crecimiento. No obstante, la región enfrenta el desafío de competir con otros mercados emergentes que han avanzado con mayor rapidez en ofrecer certidumbre fiscal, procesos claros y marcos regulatorios modernos.
Desde la perspectiva empresarial, el mensaje es claro: el nearshoring requiere análisis, datos, conocimiento profundo del entorno fiscal y regulatorio, y acompañamiento experto. Desde la perspectiva regional, la oportunidad está en evolucionar hacia modelos más sofisticados, donde la atracción de inversión no se sustente solamente en incentivos fiscales, sino que contemple medidas que permitan a las empresas obtener ventajas competitivas y consolidar sus operaciones.
El nearshoring es una decisión a largo plazo que impacta directamente la competitividad de las empresas y de los países que buscan atraer inversión. Su éxito depende del rigor con el que se diseñe y de la capacidad de integrar estrategia, operación y fiscalidad desde el inicio. En ese camino, contar con socios estratégicos marca la diferencia entre una oportunidad aprovechada y una oportunidad perdida.
La autora es Tax Associate Partner de EY.

