Estas últimas semanas han surgido denuncias sobre nepotismo en las estructuras deportivas de las distintas disciplinas del deporte nacional. Ahora bien, para mayor comprensión del tema, cuando hacemos referencia al nepotismo, el Diccionario Enciclopédico de Sociología define dicho término como: “El favoritismo y el trato preferencial que vulnera los principios de competencia justa a favor de familiares o amigos por parte de personas influyentes con acceso a recursos públicos o privados”.
Sobre este punto se preguntarán: ¿Qué relevancia negativa tiene designar a un miembro de la familia? Podría pensarse que, al tratarse de personas cercanas, existe una confianza que garantizaría un desempeño prudente, honrado y responsable. Sin embargo, el nepotismo contrarresta los principios y valores de la Carta Olímpica, como la gobernanza transparente, la meritocracia y la planificación estratégica; de modo que los cargos designados por vínculos familiares, y no por competencia, debilitan la estructura institucional, provocando el descrédito de la obra deportiva.
Un ejemplo claro de cómo el nepotismo afecta y desprestigia el deporte fue el caso de Nasra Abukar Ali, supuesta corredora del país de Somalia, quien durante un mundial universitario de atletismo resultó ser la corredora más lenta de todos los tiempos, lo que trajo consigo una escena que suscitó mucha polémica, lo que generó que el ministro de Deportes del país pidiera disculpas, toda vez que reconoció que la corredora no era una atleta profesional, sino la sobrina de la entonces presidenta de la Federación de Atletismo Somalí.
Este ejemplo resalta cómo el nepotismo bloquea el relevo generacional y cierra espacios a personas con las capacidades para elevar el deporte. Es por ello que seleccionar personas bajo criterios de amistad y familiaridad merma la meritocracia y la excelencia deportiva, contribuyendo así al deterioro de la gobernanza, generando conflictos de interés, afectando la transparencia, limitando el relevo generacional y comprometiendo la sostenibilidad y legitimidad de las federaciones, asociaciones y clubes deportivos.
Por lo tanto, es fundamental mantener órganos de dirección con las capacidades y cualidades necesarias para generar políticas revestidas de principios y ética; de lo contrario, seguiremos afectando a los atletas y a las distintas disciplinas deportivas.
El autor es abogado en materia de derecho del deporte.

