Obstáculos, barreras y fugas son metáforas comunes para describir las inequidades sociales. Todas ellas remiten a una misma idea: no todas las personas gozan de las mismas oportunidades. Aplicadas a colectivos sociales, permiten hablar de categorías de discriminación o exclusión que, en el caso de las mujeres, tienen que ver principalmente con el género. Del mismo modo, aplicadas a diferentes sectores o ámbitos de la vida, permiten hablar de inequidades en la política, la economía, la educación o la ciencia.
La participación de las mujeres en la ciencia está marcada por obstáculos, barreras y fugas que ocurren desde que las niñas se forman y educan, hasta que más tarde desarrollan su carrera o profesión científica. Son inequidades de género en la ciencia que las determinan y condicionan, y sobre las que hay que actuar desde lo político y lo cultural.
Cuando se acerca la conmemoración del Día Internacional de la Niña y la Mujer en la Ciencia, suele preguntarse cómo asegurar condiciones de igualdad en la ciencia para niñas y mujeres. El diagnóstico que permite responder a esa pregunta es amplio y complejo, pero, aprovechando el espacio, puede resumirse en tres dimensiones. Son tres inequidades y focos de intervención que, sin agotar el problema, resultan centrales para comprender las experiencias de discriminación de niñas y mujeres en el ámbito científico.
La primera tiene que ver con los estereotipos de género sobre la ciencia y sobre quienes la hacen. Son ideas preconcebidas acerca de supuestas capacidades diferenciadas de hombres y mujeres para dedicarse a la actividad científica, particularmente en determinados campos que históricamente se han considerado más afines a cualidades asociadas al género masculino. Estos estereotipos impactan directamente en el desempeño de niños y niñas y, muy especialmente, en sus aspiraciones científicas, como han evidenciado estudios específicos realizados en el país. Se trata de construcciones sociales que se transmiten a través de distintos espacios de socialización —muchas veces de forma inconsciente—, como el currículo oculto del profesorado o los contenidos de los textos escolares. Identificar y cuestionar estos estereotipos constituye uno de los primeros pasos para enfrentar las inequidades de género en la ciencia.
La segunda dimensión tiene que ver con las discriminaciones y violencias basadas en género que ocurren en las instituciones académicas y científicas donde las mujeres se forman y desarrollan su trabajo. Universidades, centros de investigación y laboratorios científicos no están exentos de prácticas discriminatorias ni de violencias basadas en género. La invisibilización o desvalorización de sus aportes científicos, la sobrecarga de tareas administrativas y de sostenimiento institucional, el mayor peso de la docencia y las tutorías no reconocidas, el cuestionamiento de sus capacidades para ocupar cargos de decisión, la falta de condiciones para conciliar la vida laboral y familiar, así como experiencias de acoso u hostigamiento sexual, son algunas de las expresiones de estas inequidades. Aunque se cuenta con menos información sistematizada al respecto, existen numerosos testimonios y experiencias que revelan estas dinámicas.
En tercer lugar, y en estrecha relación con lo anterior, se encuentran las desigualdades de género en el hogar, particularmente en la distribución del trabajo doméstico y de cuidados. Según datos de la Encuesta de Uso del Tiempo en Panamá (INEC, 2011) y de las Encuestas de Ciudadanía y Derechos del Centro Internacional de Estudios Políticos y Sociales (CIEPS), las mujeres asumen la mayor parte de este trabajo, lo que limita sus oportunidades para dedicarse a otras actividades, incluidas las científicas. Los hombres, por su parte, descargan en el trabajo de las mujeres gran parte de las responsabilidades domésticas y de cuidados, lo que les permite mayores posibilidades de crecimiento y promoción profesional fuera del hogar, especialmente en la ciencia. Así, las desigualdades de género en el ámbito doméstico impactan directamente en la participación de las mujeres en la ciencia, de manera similar a lo que ocurre en la política o en la economía remunerada.
En el proyecto Pioneras de la Ciencia, desarrollado por el CIEPS con financiación de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SENACYT), un equipo de investigadoras trabaja en la identificación y visibilización de estas inequidades de género en la ciencia. Se trata de un aporte al diagnóstico que permita tomar decisiones políticas informadas y, al mismo tiempo, de una invitación a que, como sociedad, seamos más conscientes de las desigualdades que nos rodean y nos movilicemos a ser parte de los cambios que se requieren.
La autora es antropóloga e investigadora del Cieps.
