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No es lo mismo la joya de la casta que el castigo de la joya

No es lo mismo la joya de la casta que el castigo de la joya

He empezado a creer que hay una manipulación abierta y descarada sobre dónde se duerme cuando se es detenido preventivamente mientras se desarrollan las investigaciones por parte del Ministerio Público, como, por ejemplo, cuando los detenidos enfrentan un proceso por enriquecimiento injustificado. Sé que cuando se dictan estas medidas, hay variantes que son consideradas para enviar a alguien a una celda o su casa o los dejan en libertad a condición de reportarse una vez por semana o quincena.

En este caso, establezco como punto de referencia –o de comparación–el caso del exvicepresidente José Gabriel Gaby Carrizo, acusado de enriquecimiento injustificado. Fue enviado a su casa –un apartamento de casi $2 millones, el equivalente a una cárcel dorada, ubicada en una de las zonas más exclusivas del país– para evitar que el exfuncionario conociera las mugrosas condiciones en las que tienen que vivir aquellos a los que aún se les debe presumir su inocencia.

En el caso de la exsecretaria de la Contraloría General de la República Zenia Vásquez, se le investiga por la supuesta comisión del delito mencionado, por un monto que asciende a más de $770 mil. Vásquez fue enviada a su casa, lo mismo que Carrizo. Nadia del Río, exasistente del expresidente Laurentino Cortizo (2019-2024), fue denunciada por supuesta corrupción y enriquecimiento injustificado (por un monto de más de $570 mil). No hay informes de que se le haya impuesto o que la busquen para detenerla de forma preventiva, ni en su casa ni en el Sistema Penitenciario.

En cambio, hay otros detenidos por una cuantía mucho menor que la atribuida a ellos. Es el caso del exdirector del Instituto para la Formación y Aprovechamiento de los Recursos Humanos (Ifarhu) Bernardo Meneses, que lleva ya más de un año detenido. Primero en Tinajitas y luego en la Nueva Joya, por presunto enriquecimiento injustificado, pese a que el monto por lo que se le investiga es de $420 mil, según auditorías de la Contraloría. Carrizo, en cambio, está en su casa por un monto casi cuatro veces mayor.

Por poco menos del doble de esa cantidad, pero solo un tercio de lo que se le atribuye a Carrizo, y un poco menos que el monto atribuido a Vásquez, el exdirector de Ingresos Publio de Gracia pasó esta semana de Tinajitas a la Nueva Joya, tras ser acusado de enriquecerse injustificadamente por un monto de casi $725 mil.

Lo mismo pasa con el exdirector de la Autoridad para la Innovación Gubernamental Luis Oliva, acusado del mismo, por un monto de $937 mil. Y, al igual que De Gracia y Meneses, terminó en La Joya. En cambio, Carrizo disfruta la joya de su apartamento, a pesar de que el monto de lo que se le acusa es el doble del de Oliva.

Igual con Noriel Arauz, exadministrador de la Autoridad Marítima de Panamá, enviado a detención provisional por no haber podido justificar más de $1.3 millones. Araúz pasa sus días en La Joya, mientras que Carrizo ya debe estar aburrido de comer y dormir bien, de jugar Nintendo, de practicar nuevos pasos de baile o de cantar Lucy mejor que la última vez que lo hizo en público.

El único al que se le atribuye un supuesto enriquecimiento mayor que el de Carrizo es el exdirector de Pandeportes Héctor Brands. La Contraloría encontró un desbalance en su contra de $650 mil, pero el Ministerio Público ubica esa cifra en $3 millones, sin contar otras acusaciones. Algunas noticias ubicaban su detención en Tinajitas, donde seguramente se pasa mejor que en La Joya, nuevo hogar de los otros y por montos mucho menores que el de Brands, quien ha sido probablemente el único que intentó irse del país.

Con esto no defiendo a nadie. Lo que yo crea sobre el caso de cada uno de ellos es irrelevante, pues la justicia tiene que probar si, efectivamente, cometieron el delito. Pero lo que no me explico es por qué unos sí a sus casas y otros no. Recuerdo que casi todos los acusados del gobierno de Martinelli pasaron sus días en El Renacer, donde nada es parecido a Tinajitas o a la Loya en sus diferentes versiones, pero era el mismo rasero.

Si se va a la cárcel preventivamente por $400 mil, entonces que vayan todos. Así no surgen esos matices que propician las sospechas y suspicacias, con o sin riesgo de fuga, porque siempre estará presente.


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