La frase atribuida al célebre escritor español Francisco de Quevedo (1580-1645) me pareció apropiada para resumir, de manera sucinta, la extraordinaria y valiosa enseñanza de civismo, honestidad y valentía que puede constatarse con la lectura del libro Contracorriente, de la Lic. Ana Matilde Gómez.
En efecto, la obra es un fiel testimonio y reflejo de su vida y tránsito por la política panameña como servidora pública. “Esa soy yo, con mis defectos y mis virtudes, ¡a ver si contándoles a ustedes acabo de descifrarme a mí misma!”, expresa la autora en la introducción, con la misma sinceridad y franqueza que siempre ha caracterizado su desempeño como mujer, ciudadana, abogada, exprocuradora, exdiputada y exdecana de la Facultad de Derecho de la USMA.
Por su parte, en el prólogo de la obra, Juan Diego Vásquez apunta con gran tino: “Este libro tiene el sello de quien nunca permitió que la injusticia la definiera, sino que la transformó en propósito”. Aseveración que comparto plenamente, toda vez que en cada página del libro se percibe la impresión de que no fue escrito con el cálculo oportunista de la queja lastimera, sino desde la profunda y cabal responsabilidad de una mujer comprometida con el pensamiento crítico, con la justicia y con la formación de ciudadanos activos e informados con la verdad, sin dobleces ni medias tintas.
A mi juicio, Contracorriente se constituye en una obra de obligatoria lectura para todos los panameños, especialmente para los jóvenes que aspiran a incursionar en política, muchos de los cuales, ante la inercia de la corrupción que nos invade, desafortunadamente llegan muy temprano al erróneo convencimiento de que en política todo está permitido. Mal entienden el hecho de que, en efecto, resultan exitosos y electos sin dificultad en cada elección muchos políticos corruptos, maestros del oportunismo, el clientelismo, la chabacanería y el juega vivo en nuestro país.
En ese sentido, el testimonio de Ana Matilde Gómez es un claro y valioso ejemplo de cómo se puede hacer política y enfrentarse a esta realidad sin dejarse arrastrar por la corriente. En el siguiente extracto de la obra, la autora nos dice al respecto: “No comparto de modo alguno la tesis de que la política sea el dominio de la arbitrariedad, de la codicia y del cinismo del individuo, o el dominio de esa soberanía maquiavélica del Estado o del Príncipe que le eximirá de respetar los límites que les imponen la ética, la moral y el derecho”.
Por demás, el libro está literariamente bien escrito, con una prosa bien hilvanada, sin agobiante palabrería ni empalagosa erudición. Es un manual de principios y normas de comportamiento cívico y político, fraguadas desde el hogar y puestas a prueba en las duras y, a la vez, enriquecedoras vivencias de la propia experiencia, adquiridas en el ejercicio honesto y, a la vez, trascendente y riesgoso tanto de la actividad política como de la administración de justicia, dentro de las oscuras entrañas de estos respectivos monstruos.
“Es mejor caminar junto a los ciudadanos honestos un metro en la dirección correcta que hacer cien metros de manos de los corruptos”, nos dice la autora con entera convicción en su libro.
Contracorriente nos transmite, además, optimismo y esperanza en el futuro de nuestro país. Ana Matilde Gómez nos recuerda y nos invita a restituir a la política su dignidad y a la democracia sus mejores virtudes: “No importa cuán marchitas estén. Es necesario aprovechar cada portillo, cada fisura y cada saliente de ese resbaloso muro que es el actual sistema político panameño”.
Emociona saber que la entereza, convicción, valores y principios que están consignados en este libro son enteramente verosímiles y coherentes con la realidad que le tocó a la autora enfrentar con estoicismo y valentía. De ello, los panameños honestos podemos dar fe, sin escatimarle méritos, como en efecto, y con la autoridad para poder hacerlo, lo constata Juan Diego en el también excelente prólogo del libro.
El autor es escritor y pintor.

