No hay que confundir política con politiquería. La primera es la actividad de gobernar (el arte de gobernar), la segunda ni siquiera existe en el diccionario. Sin embargo, se practica más esta última, mientras se relega la primera. Pero lo peor aún, es que nos quieren meter gato por liebre. Hablan de politiquería como si fuera política.
Si quieren leer algo sobre política, les recomiendo: El vencedor no aparece en la papeleta de Harry Brown Araúz y de Rubén Darío Rodríguez Patino, Las antinomias en la ciencia política. En definitiva, la política es algo muy serio para dejárselo sólo a los “políticos”.
Ya estamos a menos de dos años de las próximas elecciones y pareciera que estamos en una eterna campaña electoral. No quiero ni imaginar lo que vendrá: el clientelismo rampante y las campañas negativas. En ese sentido, hemos reducido la democracia a las elecciones. Allí es donde la politiquería tiene un terreno fértil.
No podemos decir que este es un mal de nunca acabar porque estaríamos naturalizando las tergiversaciones con respecto a la política y la democracia. Es imperativo la necesidad de una educación cívica que aclare estos conceptos útiles para la vida. El voluntarismo y aventurismo no acabará con este problema.
Si bien el panorama no pinta bien y todo sea pura politiquería. No renunciemos a la política. A pesar de que comúnmente se confunda la política con un conjunto de prácticas poco honorables, como el juega vivo, el nepotismo y la corrupción. Los partidos políticos no son bien vistos y ya los candidatos de libre postulación empiezan a correr la misma suerte. La política es un conjunto de acciones vinculadas al poder y su ejercicio en función de la toma de decisiones.
Allí es que estamos fallando porque la verdad, es que nos hemos conformado con ir a votar cada cinco años y eso no es su objetivo. La política es actuar para incidir en la toma de decisiones para el bienestar de las mayorías cuando la asociamos con la democracia.
En conclusión, si queremos una sociedad diferente, tenemos que actuar distinto y trascender de la politiquería a la política. Se trata de gestionar el poder para el beneficio de las mayorías y no de las minorías como históricamente lo han hecho. En fin: estamos hartos de la politiquería, realmente queremos soluciones sostenibles y formar parte de la toma de decisiones.
El autor es doctor en filosofía
