No todos los días tienen que ser buenos o malos. A veces es importante que nos dispongamos a hacer nuestras obligaciones sencillamente porque son. Muchas veces nos resistimos a hacer algo porque no nos gusta. Nos da pereza o nos irrita hacerlo porque estamos anuentes que no queremos hacerlo. Pero no todo tiene que tener un sello de aprobación o desaprobación. En la vida hay cosas que hay que hacer porque hay que hacerlas.
Se nos vuelve un caos mental mientras más sube la conciencia del disgusto y se conflictúa con el deber. ¿Cuántas veces procrastinamos dándole vueltas y vueltas al asunto sin hacer nada? Qué bueno que tenemos conciencia de cómo nos sentimos, pero rumiar en el pensamiento no nos lleva a realizar la acción.
Es muy diferente el pensamiento “no quiero hacerlo, esto es una causa de infelicidad, odio mi vida” a “no quiero hacerlo pero lo voy a hacer”.
Esto se ve muy a menudo con estudiantes y sus tareas escolares, con adultos y tareas laborales, con obligaciones del hogar…
El concepto de “YOLO” (siglas en inglés de “solo vives una vez”), que se ha vuelto tan popular entre los adolescentes y adultos jovenes, pinta una idea irreal de lo que es la vida. No todos los días son para que sean lo máximo. Los momentos de alegría y placer se logran al haber un balance entre la responsabilidad y deber. Apreciamos mucho más la luz luego de la oscuridad, comemos más rico cuando sentimos hambre, apreciamos el calor cuando tenemos frío y vice versa. Yin yang.
La autora es psicóloga clínica
