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No todos los gobernantes son estadistas

No todos los gobernantes son estadistas
Minería a cielo abierto; mineria; mina. Minera Panamá, Cobre Panamá, First Quantum Minerals. Donoso, Colón. 27 de junio de 2023. Foto: Alexander Arosemena

No todos los gobernantes son estadistas

Desde 1903, por el Palacio de las Garzas han pasado muchos gobernantes: algunos con buena gestión, otros con resultados más discretos. También los hubo empeñados en quedar bien con todos, incurriendo en un eclecticismo poco útil para la mayoría de los panameños; incluso, algunos llegaron a mostrar una actitud pusilánime.

En líneas generales, desde finales del siglo XX, a todos hay que reconocerles que respetaron la voluntad popular expresada en las urnas y entregaron, sin sobresaltos, la banda presidencial al legítimo ganador en cada una de las elecciones realizadas.

Un estadista es aquel que enfrenta los principales problemas que afectan a la sociedad en general: la salud, la educación, el transporte, la economía y, por supuesto, la generación de empleos que pueda garantizar crecimiento, desarrollo y el anhelado estado de bienestar para todos los panameños.

La excanciller alemana y ex primera ministra Angela Merkel siempre sostuvo que un estadista no debe quejarse de las insuficiencias de sus predecesores, porque cuando entró al ruedo para alcanzar el poder ya conocía los problemas y, en consecuencia, su deber no es solo afrontarlos, sino también resolverlos.

Todos en Panamá conocen a la saciedad el daño que provocó el intempestivo cierre de la mina Cobre Panamá. Ahora es imperativo subsanar todo lo que se afectó. Ya es hora de avanzar y, en ese sentido, es positivo que el presidente haya tomado la decisión de asignar a un equipo del más alto nivel, con liderazgo comprobado: ministros, asesores internacionales y el responsable de la cartera correspondiente en materia de asuntos mineros.

Un estadista busca soluciones; no da excusas ni posterga la toma de decisiones por temor a que algunos puedan molestarse. Eso sería quedar, o al menos tratar de quedar, bien con todos. Ya sabemos cómo se le llama a esa actitud. El tema de la mina es demasiado importante para el Estado panameño como para seguir pateándolo, hablando en términos futbolísticos.

Un elemento clave para tomar decisiones ha sido la auditoría ordenada por el Ministerio de Ambiente. Sus resultados, según se sostiene, son contundentes: despejan las especulaciones y desmontan afirmaciones sin sustento científico.

Actuar como estadista exige hacer las cosas bien: poner la información sobre la mesa, revisar datos verificables y, una vez comprobados científicamente, tomar decisiones claras, transparentes y con el país por delante.

El presidente constitucional ya habló y anunció quiénes estarán a cargo. Ahora corresponde a los ministros y al equipo designado ponerse a trabajar para encontrar una solución, dado que de muy poco servirían la línea 3 del Metro de Panamá, el ferrocarril a Chiriquí, el cuarto puente sobre el Canal o cualquiera de las obras de importancia que se encuentran a toda marcha, si no recuperamos los empleos perdidos, tanto directos como indirectos; si no recuperamos las empresas perdidas y todos los pequeños emprendimientos y cooperativas que se cerraron. Porque, sea uno o 100,000 los desempleados, nunca podrán pagar para utilizar esas obras de transporte ni para salir a buscar trabajo, asistir a una cita médica o acudir a un centro de estudios o capacitación.

Por otro lado, está la imagen del país. Hay que seguir atrayendo inversiones importantes y dejar de lado el infantilismo ideológico y militante de quienes solo desean que a Panamá le vaya mal para así tener discurso en aras de sus mezquinas aspiraciones políticas. Está comprobado que solo de la teta del Estado saben vivir; menos “jondear el Collin”.

Eso es lo que se tenía que hacer: tomar la decisión valiente, ordenar el proceso y avanzar con la data en mano. La auditoría ya terminó, los resultados se presentan como contundentes, la opinión pública cada vez está más consciente de la verdad y todos quieren echar adelante.

Los eventos importantes del país y del mundo no detienen las responsabilidades del gobierno. Los problemas complejos requieren decisiones y estas se deben tomar cuando están listas, sin importar el calendario político ni futbolístico. Posponerlas solo por la atención mediática sería una irresponsabilidad, y eso sería eclecticismo o pusilanimidad.

Un estadista enfrenta el problema y toma las decisiones a tiempo para lograr la solución que beneficie a la mayoría. Cada ciudadano sabrá diferenciar.

Acta non verba.

El autor es ingeniero en minas.


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