Hacía mucho tiempo que no veía una protesta en Panamá como la que hemos vivido esta semana. El ambiente general es diferente. Lo más llamativo es que, aun entre quienes no participan en la movilización, se percibe una sensación de que los cierres de calles en muchos puntos del país, están justificados por la situación que vivimos.
El grado de hastío de la población se siente mucho más serio de lo que suele ser la actitud de “poco importa” habitual de los panameños y de las que siempre nos quejamos. Por supuesto, nunca faltan esos mismos lambones de siempre, que suelen plegarse a quien les ofrezca cualquier migaja que los acerque de alguna manera al poder.
El ambiente político se percibe muy enrarecido. Faltando dos años para las próximas elecciones, los políticos no dan un paso sin pensar en las consecuencias electorales que pueda acarrearles en 2024, dejando a un lado lo que convenga o no al país. El resultado: parece que Panamá corre sin dirección, más o menos como se describe el patrón de desplazamiento de una gallina a la que le acaban de cortar la cabeza con un hacha.
Desde finales de la dictadura militar no recuerdo protesta alguna que lograra unir a tan diversos grupos. A diferencia de la mayoría de las protestas que suelen comenzar Suntracs, Frenadeso y demás agitadores reincidentes, en esta ocasión fue en el interior donde comenzaron las manifestaciones. Los productores de Chiriquí y del interior cerrando la vía Interamericana y dejando aislada la producción agropecuaria de los consumidores es un hecho fuera de lo habitual.
En dos semanas, se han ido sumando grupos de lo más variopintos, al punto que hoy están en la calle los productores, los obreros de la construcción, los educadores y los grupos originarios, quejándose del alto costo de la vida y el precio de la gasolina y de los alimentos. Hasta los grupos médicos de las huelgas crónicas están viendo cómo se meten en las protestas.
Para terminar de enredar las cosas, el presidente se ausentó por varios días, por razones de salud, y todo quedó a la deriva. El vicepresidente, a quien solo parece preocuparle su posible candidatura de cara a las elecciones de 2024, desapareció en el horizonte al punto de que no se supo nada de él mientras estaba supuestamente a cargo del país. Del mismo modo, el Gabinete se hizo eco del silencio vicepresidencial, dando oportunidad a que siguiera aumentando la presión dentro de la olla.
Obviamente, es cierto que una parte del problema depende de todo lo que ha propiciado la pandemia, a lo que se ha sumado la guerra, que por el efecto sobre el petróleo y los combustibles, propicia una inflación terrible, que está afectando a todo el planeta, con las consecuencias lógicas sobre la economía mundial. Sin embargo, que nuestras autoridades digan que todo lo que está ocurriendo es causa de esos factores externos, es un grado de cinismo que no contribuye en nada a la tranquilidad de la gente.
Decir que la situación que viven los panameños es solo consecuencia de lo que pasa en una guerra entre Rusia y Ucrania, hace pensar que o son tontos ellos o nos creen tontos a todos los demás. Ignorar que la gente está harta de los excesos de los diputados y el reparto de los dineros públicos por parte del PRD demuestra mucha irresponsabilidad.
Y los políticos, viendo cómo se acomodan. Dentro del PRD parece haber demasiados bandos, cada uno tratando de ver cómo obtiene o mantiene sus beneficios, por escasos que sean. De esos, los diputados son los que parecen manejar el país sin que nadie los detenga. Su única preocupación parece ser cómo consiguen más y más dinero para sus planillas y para reforzar sus estructuras clientelistas, que puedan garantizarles seguir en sus cargos en la próxima elección.
Mientras, no se percibe una oposición política organizada. Los diputados independientes Vásquez y Silva al menos se quejan con cierta consistencia en su mensaje. Los panameñistas y el desvencijado CD coquetean con una alianza que no se ve muy sustanciosa. En el partido RM parecen estar pensando solamente en los enredos legales de RM. Otro Camino y Ricardo Lombana no terminan de consolidarse como una fuerza opositora beligerante, lo cual parecía ser su camino lógico después del apoyo electoral que obtuvieron en la elección de 2019. El otro montón de partiditos parece ser solamente fichas de cambio para conseguir pequeños espacios por medio de alianzas de alquiler.
El caso es que nuestra situación no está clara. El descontento es real, mucha gente lo ve justificado y se percibe que, en cualquier momento, se puede desencadenar una situación que se salga de control, como ha sido el caso en Chile o Colombia. Lo que parece ser un hecho, es que no vamos bien…
El autor es médico cardiólogo

