Hay muchas maneras de nombrar los lustros de la era democrática post-invasión panameña: la era de la privatización, la era del dietelinglicol, la era Odebrecht, y el día de hoy quiero hablar de la era post-covidiana: la era del cangrejo.
El Phonus sapiens panamaensis sabía que, en el 2023, cuando salía de su casa tenía que escoger entre piedra, gas lacrimógeno, perder un ojo y lo peor: perder la vida. ¿El Leviatán de Hobbes despertó? ¿Renaissance del Noriegato del Siglo XXI?
Thomas Hobbes fue un reconocido filósofo inglés del siglo XVII que advirtió sobre los peligros de la anarquía, mencionando que, el ciudadano al tener derecho de igualdad, tenía la implicación de ser propensos a buscar los mismos honores y bienes que los demás ciudadanos; y que sin una autoridad central pronto estallaría “una guerra de todos contra todos”.
Hobbes pensaba, que la naturaleza humana precisa de las normas que el Estado nos impone. Mejor vivir bajo el dominio de un monarca egoísta que sufrir el caos y la anarquía, porque cuando no hay Estado, todos sufrimos.
La inseguridad reinante, el ángel de la muerte suelto en las juntas comunales de San Miguelito y los asaltos de banco a la orden del día, envíaban el mensaje que los gobernantes carecían de autoridad eficaz sobre nuestro país, al punto de debilitar nuestro contrato social.
Esta situación la aprovechó la poderosa élite gobernante panamaensis “los diputados autócratas del residuo” y emulando “la democracia herrenvolk”, desaparecieron el espacio para el debate público de leyes en la nación.
Con la democratización post-invasión y el advenimiento de las redes sociales, las leyes ambientales deben acercarse a «los deseos del pueblo» y, con este fin, ser sometidos a una deliberación pública sancionada por un referéndum.
El Ejecutivo y La Asamblea (dictadores del siglo XXI ) debieron promover una de las promesas claves de las democracias: la de dejar que las personas decidan su propio destino.
Los primeros síntomas de la crisis política de Panamá se presentaron cuando las acciones de los asesores presidenciales en contubernio con las diputados-concesionarios de la mina, en forma determinante y beligerante; con premeditación y alevosía impusieron una inconstitucional ley que vulneraba 25 artículos de nuestro contrato social que generaron desafección y desconfianza en los panameños y dejamos de reconocer en ella una institución competente para actuar en defensa de lo público.
Sin un líder a la vista, miles de alternativas se proyectaron buscando imponerse sobre los demás. En la era del cangrejo panameño hemos perdido los intereses del Estado para la “estabilidad política”.
La respuesta a los problemas de gobernabilidad y de legitimidad actual, es el signo patoneumónico de una profunda desideologización en la que se ha esfumado el contenido político explícito en el concepto de conducción política que exalta el ejercicio de gobierno y los asesores Castro-Chavistas “nostálgicos restauradores”, trajeron en cartelera en fiestas patrias: reconstruir la dictadura perdida y reparar los vacíos de sus memorias. Mientras los asesores se tomaban unas pintas frías con el Sindicato Único Nacional de Trabajadores de la Industria de la Construcción y Similares (Suntracs), se comportaban con los manifestantes pacíficos en las calles como creen que Noriega lo hubiera hecho con los Macho de Monte, Doberman, y los Batallones de la dignidad contra la cruzada civilista.
Solo renovando los cómplices de la Asamblea Nacional el 5 de Mayo de 2024, solo sacando esos buitres de los maletinazos, solo higienizando la Asamblea de esas ratas y sus crías beneficiarías de auxilios económicos no merecidos, podremos rescatar la jubilaciones y el IVM para poder salvar a la nación. Dios bendiga a Panamá y guíe los pasos para el No vas!
El autor es cirujano subespecialista
