HOY POR HOY

La noche que perdimos la libertad

Al conocerse el fallo deshonroso, una turba en las inmediaciones de Plaza Ágora acorraló a los fiscales, abogados querellantes, periodistas y víctimas de los pinchazos. Esto sucedía al tiempo que el poderoso caballero salía en su recorrido triunfal, mostrándonos lo que es capaz de hacer . El Panamá decente debe ponerse de pie y alzar su voz para cambiar esta realidad y enfrentar el desprestigio internacional ante lo sucedido ayer. Ahora el miedo y el silencio se intentarán apoderar de los esfuerzos de todos aquellos que en algún momento denunciaron o consideraron denunciar la corrupción. Esto lo ha conseguido un sistema de justicia que, en un ejercicio de rechazo a la decencia y el sentido común, tomó la decisión que ayer comunicó al país. La ciudadanía debe exigir al Órgano Judicial rendir cuentas de este y otros fallos recientes que acentúan el cáncer de la impunidad que carcome sin piedad a nuestra sociedad. No podemos permitir que las víctimas queden indefensas. Ahora nos queda a los panameños la tarea de volver a fundar la patria, entendiendo que nadie puede estar por encima de la ley y que la justicia con precio, aunque venga dentro de los más finos maletines, es una maldición eterna.

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