Pese a que cada cinco años, la sociedad panameña, siguiendo las directrices del Tribunal Electoral, hace uso de su “libertad de ejercer " el voto para escoger a quienes nos administrarán los fondos y bienes, la decepción no demora en aparecer por la incapacidad y corrupción de todos los gobiernos que hemos tenido post invasión.
Los cantos de sirenas que adormecen y “embrujan” a los ciudadanos panameños siguen presentes cada vez que toman el poder quienes debieran servirnos y no servirse de nosotros. La capacidad de “mareo” ejecutada por los partidos políticos con el contubernio del Tribunal Electoral sigue siendo efectiva, puesto que, luego de las decepciones experimentadas, seguimos siendo utilizados como marionetas en este escenario en el cual la “partidocracia” mueve los hilos a su antojo.
El actual gobierno de Laurentino Cortizo no ha sido la excepción en esta ola de vejámenes y atropellos que siguen haciendo los “malos gobernantes” al pueblo panameño. ¿ Será que estamos destinados de manera infinita a padecer todos los abusos y engaños que nos hacen estos políticos mediocres y carentes de valores positivos?¿ Hasta cuándo vamos a contemplar este desfile de “hampones de cuello blanco” que pretenden dirigir nuestro destino como país?
Si algo caracteriza a la gestión de Cortizo es la falta de carácter y autonomía para hacer frente a los problemas que nos aquejan. Cortizo, a diferencia de los demás gobernantes que desgraciadamente hemos tenido, es un “presidente ausente”, en especial por casos muy sensitivos como los abusos a menores en los albergues, los astronómicos sobresueldos a funcionarios públicos sin ninguna sustentación lógica, las obras públicas en pésimo estado, la falta de celeridad en la terminación de proyectos como ciertas escuelas y el alto costo de medicamentos, entre otros.
A todo lo antes dicho se suma el manto de desasosiego que amenaza la tranquilidad de millones de panameños como el sicariato, el robo constante a bancos y comercios y la desaparición de menores de edad y mujeres sin que los estamentos de seguridad y sus voceros -que gozan de salarios exorbitantes- tengan una respuesta que satisfaga a todos los preocupados por este tema.
La situación de pobreza y desempleo está en aumento, al igual que el número de personas sin techo ni hogar que habitan los callejones y debajo de los puentes. El escándalo en la Lotería por el cobro de billetes no vendidos y los premios de “Gordito del Zodiaco”, que nadie sabe si un humilde panameño se los gana o un bellaco “juega vivo” se enriquece con los mismos. Este fue otro caso que quedó en la “nebulosa” con la presentación de un acto de magia en el cual la Contraloría volvió a desaparecer “un conejo dentro del sombrero”.
Un expresidente y copartidario de Cortizo prácticamente lo “asoleó” en una entrevista televisiva, donde puso en evidencia la “falta de capacidad” del Ejecutivo y recomendó una especie de “gobierno de transición”, donde por supuesto el entrevistado sería el ungido para “poner orden en el país”.
El terror se vuelve a apoderar de Panamá cuando casualmente en albores de la “fiesta de Brujas”(Halloween), todavía no se sabe cuál es el origen ni el criterio por el cual el Ifarhu otorgó auxilios económicos a funcionarios con altos salarios. No se necesita ser un clarividente para saber que el presidente Cortizo no removerá a ninguno de sus ministros y directores incapaces y corruptos, ya que los mismos no pertenecen a una clase política como erróneamente la describen algunos, sino a una casta donde el cargo se hereda por medio de la genética y la “pureza” de lo impuro.
Todo hace creer que el desgobierno de Cortizo está apostando por la subcultura del “poco me importa” de algunos panameños y su frágil capacidad para recordar escándalos no resueltos del pasado.
Hace algunas semanas intenté cruzar una vía junto a un grupo de transeúntes utilizando las líneas blancas, cuando un auto se pasó la luz roja. Ante la tanda de improperios que le vociferamos al irresponsable solo alcanzamos a escucharle gritar: “en este país todo mundo hace lo que le da la gana”.
La frase del chofer inescrupuloso, así como algunos videos enviados por redes sociales donde se muestra la cólera ciudadana, es un indicador infalible de lo que en este momento se está incubando: una bomba de tiempo que puede desbordar en violencia sin proporciones. Pero mientras esto pasa, el llamado “gobiernito” parece darse confianza en la propaganda “maquillada” y surrealista pagada con impuestos, que nos pasan los medios de comunicación a diario y a toda hora.
El autor es sociólogo y docente
