Esta frase del escritor español Javier Gomá, en su artículo El intelectual, nos sitúa frente a una de nuestras grandes necesidades democráticas: «Como su elemento son las palabras, dominará el arte de la prosa, cuya lectura será no solo instructiva, sino también placentera. Con todo, su literatura no querrá tanto deleitar como resultar convincente a la hora de recordar a la conciencia colectiva dónde están los principios de la buena convivencia».
Sigue faltando en Panamá un grupo de intelectuales que esté a la altura de nuestras circunstancias. Hace mucho tiempo que se perdió en este país el arte del buen columnismo, el arte de leerlo y el arte de publicarlo con criterio. En esta renuncia al juicio crítico, pactada entre quienes gobiernan y la gran mayoría de los gobernados, una de las primeras víctimas ha sido la lectura y el acceso a ella desde las instituciones y los medios de comunicación.
Últimamente, los populacheros se revuelven contra la inteligencia argumentando que escribir es un negocio, publicar un emprendimiento y promocionar el «producto» una actividad fundamental para el país (el de los ciegos, donde ellos son tuertos con dinero para hacerlo). Sin embargo, son incapaces de hablar de calidad literaria más allá de un puñado de lecturas.
Gomá tiene razón: detrás de la convicción de que el intelectual ha de «resultar convincente a la hora de recordar», de hacer ver «dónde están los principios», está la certeza de que esa capacidad tiene su fundamento en la lectura, en un criterio sólidamente anclado en ella, del que nace una mirada incisiva capaz de construir esa prosa necesaria ante lo que se nos está viniendo encima.
Porque, en una sociedad sin intelectuales —o con pocos de ellos y demasiados escritores densos—, nos jugamos buena parte de lo que entendemos por democracia. La buena convivencia empieza con la lectura, y necesitamos más espacios en los medios para fomentarla, así como una mayor calidad al escribir artículos. El papel aguanta todo lo que le echen; nuestra sociedad, no.
El autor es escritor.

