Cuando de aquí a 10 años miremos hacia atrás, al gobierno de Juan Carlos Varela lo recordaremos por un solo acto de valentía política internacional: las nuevas relaciones diplomáticas con la China Popular. Muchos gobiernos anteriores jugaron con la idea, pero terminaban cayendo en la “diplomacia de chequera” de la China Nacionalista (Taiwán).
Marisabel Aramburú Porras escribió un importante artículo en La Prensa del martes 21 de agosto titulado “Comenzar con el pie izquierdo”.
La autora nos recuerda que tuvimos esta relación de 1911 a 1949, cuando la interrumpimos, reconociendo a la China Nacionalista como parte de la guerra fría de esa época.
Sin duda alguna que esta nueva relación diplomática tiene un enorme potencial económico para nuestro país, siempre cuidando ser prudentes y patriotas, debido a la desproporción del tamaño físico y económico de nuestros dos países. Las negociaciones políticas y económicas tienen que ser llevadas por los mejores talentos nacionales, quienes a su vez deben tener muy profundas raíces en nuestra historia y nuestro sentir nacional.
La experiencia acumulada que tenemos los panameños al haber convivido con un poder mundial que por casi un siglo hizo valer su tamaño y su fuerza para beneficiarnos con la construcción del Canal, pero a la vez para atropellar nuestra dignidad como nación independiente y soberana, nos debe servir para manejar con inteligencia y patriotismo nuestra nueva relación con la China Popular.
Las grandes inversiones pueden ser de gran beneficio (entre ellas el tren, que abriría el transporte eficiente y menos costoso de nuestro Panamá profundo), siempre que el empleo masivo sea de los nuestros y que los financiamientos sean razonables y pagables.
La China Popular nos ha enviado un embajador y equipo diplomático de lujo, conocedor de nuestro idioma y nuestra historia, y rápidamente se ha integrado a variados sectores de nuestra sociedad.
Pero… y el gran “pero”, el territorio canalero recuperado de un poder mundial tras tanta lucha y sangre derramada, no es lógico que se entregue a otro poder mundial. Es un problema de alta sensibilidad para todos los panameños y fácilmente produce que hierva la sangre panameña como le ocurrió a mi respetada y admirada amiga Norma Cano - histórica dirigente sindical de nuestro país - en una reunión en México recientemente.
Panamá, por un Acuerdo de Reciprocidad, debe cederle a la China Popular un lugar donde pueda ubicar su embajada. El Gobierno nuestro parece haberle ofrecido un terreno en Amador, a la entrada más visible del Canal y cerca del puente de las Américas. ¡Grave error!
Estoy seguro de que la delegación china sabrá tomar la temperatura del sentimiento nacional y las sensibilidades de nosotros los panameños, y seguro pedirá al presidente Varela seguir buscando un área más propia para su embajada, hecho que todos los panameños celebraríamos.
Como decía Marisabel Aramburú P. en su artículo, no tendría mayor sentido iniciar esta importantísima relación “con el pie izquierdo”.
El autor es fundador del diario ‘La Prensa’