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Nueva Ley Orgánica de Educación y nuevo ciudadano panameño

En Panamá se discute la necesidad de una nueva Ley Orgánica de Educación. Sin embargo, más allá de los aspectos técnicos y administrativos, el debate debe centrarse en una pregunta esencial: ¿qué ciudadano tenemos y qué ciudadano necesitamos para construir una sociedad democrática, justa y solidaria?

El filósofo Martín Johani Urquijo (2011) recuerda que “la ciudadanía es el motor de toda práctica democrática”. En nuestro país, el ciudadano actual refleja tensiones como la fragmentación social, una débil identidad nacional y una participación cívica limitada. Frente a ello, la educación debe ser el instrumento que forme un nuevo ciudadano panameño, crítico, solidario y consciente de su papel en la democracia.

El ciudadano actual y el ciudadano que necesitamos

El ciudadano actual suele reducir su participación al voto, con escasa implicación en procesos comunitarios y poca exigencia de transparencia. La educación, en gran medida, ha estado centrada en la memorización y desconectada de la realidad social y tecnológica. En contraste, el ciudadano que necesitamos debe ser activo en la vida pública, orgulloso de su memoria histórica, solidario frente a la desigualdad y preparado para los retos de la globalización y la crisis ambiental.

Este nuevo ciudadano debe integrar valores éticos, conciencia ambiental y competencias digitales, sin perder su identidad nacional. La educación es el puente que permitirá transitar de un modelo reproductivo hacia uno emancipador, capaz de formar protagonistas de la democracia.

Pensadores panameños y la formación ciudadana

La tradición intelectual panameña ofrece claves para este debate. Diógenes de la Rosa defendió la educación como instrumento de emancipación y conciencia crítica. Ricaurte Soler subrayó la importancia de la memoria histórica en la construcción de la identidad nacional. Humberto Ricord insistió en la dimensión ética y espiritual de la formación ciudadana. Más recientemente, Juan Bosco Bernal Yanis y Stanley Muschett han planteado la necesidad de una educación crítica y contextualizada, capaz de preparar a los ciudadanos para los desafíos contemporáneos. Miguel Ángel Cañizález, por su parte, articula la educación como práctica emancipadora y ética, que forma ciudadanos conscientes de su papel en la democracia.

Todos ellos coinciden en que la educación no puede limitarse a transmitir conocimientos, sino que debe formar ciudadanos capaces de pensar, actuar y transformar su realidad.

El aporte de Morin y Freire

A nivel internacional, dos pensadores enriquecen esta visión. Edgar Morin propone el pensamiento complejo: enseñar a articular saberes diversos, reconocer la incertidumbre y comprender la interdependencia entre lo local y lo global. Paulo Freire, desde la pedagogía crítica, plantea la concientización: formar ciudadanos capaces de leer críticamente la realidad y transformarla mediante la praxis.

En conjunto, ambos ofrecen un marco para el nuevo ciudadano panameño: crítico, complejo y solidario. Morin aporta la capacidad de pensar la complejidad, mientras Freire aporta la conciencia crítica y la praxis transformadora. El resultado es un ciudadano capaz de enfrentar los retos del siglo XXI sin perder sus raíces nacionales.

Aplicaciones prácticas en el currículo

La nueva Ley Orgánica de Educación debe traducir estas ideas en prácticas concretas:

  • Proyectos comunitarios: estudiantes vinculados a la solución de problemas locales, integrando saberes diversos y desarrollando conciencia crítica.

  • Ciudadanía digital: alfabetización mediática para enfrentar la desinformación y participar responsablemente en redes sociales.

  • Educación ambiental: proyectos escolares sobre sostenibilidad, que unen reflexión y acción en defensa de la “casa común”.

  • Currículo interdisciplinario: evitar la fragmentación del saber, integrando historia, ciencias, ética y cultura en proyectos transversales.

Conclusión

La discusión sobre la nueva Ley Orgánica de Educación en Panamá debe girar en torno al perfil del ciudadano que queremos construir. La respuesta es clara: necesitamos un ciudadano con identidad nacional, crítico y participativo, capaz de pensar la complejidad y actuar con conciencia ética. Solo así la educación será el verdadero motor de la democracia y el camino hacia una sociedad más justa, inclusiva y solidaria.

El autor es docente especialista en ciencias sociales y exdirector general de educación.


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