Terminó la Asamblea Mundial de la Salud. En la clausura de esta, el director general de la OMS, Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, dijo a los delegados que habían trazado un nuevo rumbo para la OMS, haciendo un claro y contundente llamado a superar la desigualdad injusta y las inequidades en el acceso a los servicios de salud.
Subrayó el director general, que la verdadera prueba del éxito de los debates celebrados en la Asamblea será que den lugar a cambios reales sobre el terreno e instó a las autoridades, entre ellas las nuestras, a regresar a sus países con la renovada determinación de trabajar todos los días por la salud de sus pueblos. En última instancia, no servimos a las personas con poder; sino a las que no lo tienen y son más vulnerables”, afirmó
Insistió en que todo lo que la OMS hiciera en el futuro se evaluaría a la luz de las tres metas de «mil millones» que se aprobaron esta semana en el nuevo plan estratégico quinquenal de la organización y que consisten en lograr, para el año 2023:
•Cobertura sanitaria universal para 1,000 millones más de personas.
•Mejor protección frente a emergencias sanitarias para 1,000 millones más de personas.
•Mejor salud y bienestar para 1,000 millones más de personas.
Comparto a continuación algunas reflexiones sobre las metas propuestas. Se trata de problemas de larga data que no hemos resuelto, por lo que es necesario preguntarnos qué significa para nuestro país este nuevo rumbo, estar dispuestos a efectuar los cambios que sean necesarios y saber aprovechar plenamente la cooperación técnica que tiene disponible la OPS/OMS para ofrecernos.
Inicio subrayando que no es por falta de recursos e ideas que nuestra situación no es la mejor. Tenemos los recursos humanos con la formación y la experiencia para las tareas, pero también tenemos el clientelismo político, que muchas veces coloca a profesionales sin las competencias suficientes para cargos en importantes niveles de decisión. Poseemos una economía sólida y los recursos financieros suficientes, pero también tenemos la corrupción impune en los tres poderes del Estado, que desvía decenas de miles de millones de balboas cada año, hacia los bolsillos de políticos corruptos e impide el desarrollo con justicia y equidad.
En el terreno de las ideas, los panameños también contamos con leyes, políticas y estrategias suficientes para alcanzar el porcentaje que nos corresponde de las metas que propone la OMS, a la vez que reducimos la injusta desigualdad que nos caracteriza.
Contamos con un Plan Estratégico Nacional con Visión de Estado Panamá 2030, el cual reconoce la desigualdad y propone estrategias centradas en la equidad y el desarrollo integral, para fortalecer la débil institucionalidad que nos caracteriza y avanzar en la profundización de la democracia participativa; la recuperación de la transparencia, eficiencia y rendición de cuentas en el servicio público. No menos importantes son los acuerdos del Diálogo Nacional para la Transformación del Sistema de Salud Pública, recogidos en el documento Lineamientos propuestos para la mejora y fortalecimiento del sistema nacional público de salud integral, en el marco de una política de Estado”. Este documento define lo que tendremos que hacer desde el punto de vista técnico y estratégico para avanzar hacia la cobertura universal de salud con calidad, calidez, eficiencia y equidad.
Ambos documentos fueron desarrollados por medio de procesos altamente participativos y señalan la hoja de ruta a seguir para alcanzar las metas propuestas. Esto no lo va a conseguir el actual gobierno en los meses que afortunadamente le restan de gestión. Lo que si puede hacer es dejar definidas las bases legales, estratégicas y técnicas sentadas para que la próxima administración comience con buen pie. Esto tampoco será fácil, pues a los panameños nos gusta menospreciar lo que hizo el anterior y ponernos a reinventar lo que ya es conocido, publicado y aplicado con éxito en otras latitudes.
El autor es ciudadano
