Hay mensajes del hado, disfrazados de casualidad, pero que tienen un significado especial e inequívoco.
En estos días en que hay tanta controversia con respecto al Canal de Panamá (y subrayo de Panamá), la lotería nos trae el número tal vez más significativo en la larga lucha generacional por recuperar los derechos nacionales sobre el Canal.
Hoy día el Canal construido por los estadounidenses hace más de 110 años es solo una parte menor, la cual no permite el paso de los cargueros mundiales del presente, cosa que sí permiten las nuevas edificaciones hechas por Panamá. Además, el agua, la tierra y los lagos, y sobre todo el personal que opera el Canal, los ponemos nosotros los panameños.
Soy de la generación que vivió el 9 de enero de 1964, cuando sufrimos los vejámenes de los zonians y del ejército de ocupación. Yo estaba muy joven para hacer mucho, pero no como para no sentir una rabia intensa que aún me dura con ese mismo ardor.
Y no se trata de hacer renacer viejas rencillas y resentimientos. No fuimos los panameños. Fue el presidente de Estados Unidos quien, dadas sus múltiples acciones en el mundo y en su propio país, dirían nuestros campesinos que parece un “caballo desbocado”. ¿A dónde nos va a llevar tanta locura? No lo sabemos. Pero lo que sí sabemos es que nos encontrarán unidos, luchando con lo que tengamos a disposición, ojalá del mundo diplomático, contra la ignominia que se plantea.
Esta afrenta se hace más ofensiva porque está basada en mentiras, que son fáciles de evidenciar a quien quiera escuchar.
No entiendo cómo lanzarse contra sus aliados y amigos puede ser una política de una persona razonable y en sus cabales. Cuesta creer que alguien con ese comportamiento sea apoyado por los cristianos evangélicos y otros grupos que supuestamente basan sus criterios en las enseñanzas de Jesús.
Ese señor podrá negociar cosas que él creerá beneficiosas, pero yo no creo que sean buenas para nadie, inclusive para Estados Unidos, ni a corto plazo y menos a mediano y largo plazo.
Se dice que la confianza es difícil de ganar y muy fácil de perder, y, ante un mundo sorprendido, Estados Unidos no ha hecho más que perder confianza a toda velocidad en un momento geopolítico que ya no representa para ellos la situación todopoderosa, económica, política y militar, de la posguerra.
Ahora tienen competencia. Esa competencia que defiende su sistema económico pero que pareciera hacerles arder la piel. Temor es lo que salta a la luz ante cualquier análisis. Y fuera algo interesante de analizar si no fuera porque el temor es la principal causa de los conflictos.
El miedo lleva al ataque, y éste a las represalias... y así sucesivamente. Esto puede dar al traste con la martirizada Tierra del siglo 21 mucho antes de que lo haga el calentamiento global.
Como dijo Einstein: “No sé con qué armas se peleará en la tercera guerra mundial, pero sí sé cuáles serán las armas que se utilizarán en la cuarta: ‘palos y piedras’”.
Regresando al número premiado en la lotería: 1964, espero que nos sirva de recuerdo a quienes vivimos esos acontecimientos, de los cuales podemos aprender que con posiciones dignas y firmes se puede dar al traste con las afrentas sin sentido a las que nuevamente nos enfrentamos.
A las nuevas generaciones les ruego que se empapen de la historia verdadera de nuestra lucha. Sé que han pasado muchos años y somos una gran minoría los que vivimos en la piel aquellos atropellos. Por ello exactamente es que resulta imprescindible que todos sigan leyendo, viendo documentales y escuchando los análisis de aquellos eventos que, aunque abundantes en sangre y sufrimiento, estuvieron también henchidos de gloria.
1964: Año de los mártires del 9 de enero.
El autor es ingeniero, informático y escritor.
