Han sido impresionantes las obras públicas abandonadas en todo el país, invadidas por malezas, roedores, hongos en las paredes y materiales que han sido sustraídos por personas del mal vivir, para obtener algo para su beneficio personal. Están convertidas en tierras de nadie. Cada una paralizada por diferentes causas. Me refiero particularmente a obras de la CSS y también otras del Minsa.
Este tremendo problema ha sido heredado de gobiernos anteriores. La Policlínica de Penonomé tiene de nueve a diez años de estar abandonada, sin terminar. Los dignatarios actuales han tenido que hacer frente a este desastre.
Aunado a todo esto, deslindar los conflictos legales y problemas financieros con las compañías contratistas y las pérdidas millonarias de los fondos públicos, dinero de todos los panameños, hará que su reanudación sea más costosa que lo estipulado en los respectivos contratos. Me pregunto: ¿será que las instituciones no cuentan con personal idóneo para la supervisión de las obras?
Felizmente en el caso de la Policlínica Manuel Paulino Ocaña, de Penonomé, hemos contado con el impulso del presidente Laurentino Cortizo Cohen y del vicepresidente José Gabriel Carrizo y el decidido apoyo del doctor Enrique Lau Cortés, director de la CSS. Para esta policlínica ya se ha iniciado el trámite de licitación, esperando la adjudicación a la compañía que terminará la obra.
Confiamos que otras en el mismo estado puedan llevarse a cabo.
En conclusión, los gobiernos, este y los que vengan, no debe permitir situaciones como éstas. Su interrupción repercute negativamente en la salud de los habitantes de una región y acarrea otros problemas legales y financieros. Pueden pensar que no soy la persona autorizada para hacer estas observaciones, pero nadie más autorizado que los usuarios que sufrimos en carne propia las limitaciones de instalaciones obsoletas, que no permiten tener una mejor calidad de atención en salud.
La autora es penonomeña.
